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A enfrentar la realidad del subdesarrollo es a lo que debería abocarse el Gobierno de Ortega, en vez de levantar cortinas de humo sembrando cizaña entre nuestros pueblos

Ortega desesperado

Las acciones de dragado lideradas por el ex “Comandante Cero”, Edén Pastora, a petición de Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, y que han derivado en una protesta diplomática de Costa Rica por el depósito de sedimentos en suelo nacional, no son más que un acto desesperado.
El caos socioeconómico que vive el país vecino, y la incapacidad demostrada de su gobernante para hacerle frente, genera provocaciones destinadas a desviar la atención de esa problemática interna.
Para ello, Ortega no sorprende al utilizar la trillada estrategia de buscar roces sin sentido con Costa Rica y así levantar sentimientos nacionalistas.
Los verdaderos problemas de Ortega nada tienen que ver con nuestro país. Más bien, están ligados al repudio y las manifestaciones en esa nación, contra la decisión de la Sala Constitucional, integrada por magistrados sandinistas, que les dio luz verde a sus aspiraciones de reelegirse, así como el decreto promulgado por ese mandatario en febrero pasado, para prolongar en sus cargos a 20 magistrados del Consejo Supremo Electoral.
Estos actos desataron críticas enérgicas de varias fuentes, incluso del diario The Washington Post, que calificó el miércoles que Ortega ha utilizado “decretos descaradamente ilegales, la manipulación de los mandatos judiciales y la violencia de las mafias” para trazar el camino hacia su reelección, “incluso cuando está explícitamente prohibido por la Constitución”.
Es claro que el Presidente del vecino país del norte se encuentra inmiscuido en problemas más graves que el dragado del río San Juan, en el cual participa maquinaria con el logotipo de Alba de Nicaragua Sociedad Anónima (Albanisa), cuya propiedad es en un 51% de Petróleos de Venezuela y en un 49% de Petróleos de Nicaragua.
Además, diversos informes de este último país aseguran que hay fuerte participación de familiares de Ortega en las operaciones de Albanisa, uno de los conglomerados más grandes de esa nación.
Mientras que la administración de Ortega hace un show público en la frontera con Costa Rica, casi la mitad de la población del país que gobierna vive por debajo de la línea de pobreza. Asimismo, con casi 6 millones de habitantes, el Producto Interno Bruto de Nicaragua es tan solo una quinta parte del de Costa Rica, y sigue siendo el segundo país más pobre del hemisferio, después de Haití.
A enfrentar la realidad del subdesarrollo es a lo que debería abocarse el Gobierno de Ortega, en vez de levantar cortinas de humo sembrando cizaña entre nuestros pueblos.


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