Arnoldo Mora

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Viernes 27 Junio, 2008

Occidente agoniza

Arnoldo Mora

Las organizaciones políticas sensibles a la problemática del Tercer Mundo, al igual que grupos humanitarios, especialmente aquellos que se ocupan de refugiados, lo mismo que las iglesias y los gobiernos democráticos de estas regiones han recibido con gestos de horror y repudio la noticia de que la ley antimigración o ley de retorno, fue aprobada por el Parlamento Europeo. En mi opinión, esa ignominiosa decisión, lo mismo que las leyes antimigración de Estados Unidos, constituyen el harakiri a Occidente como mentor de la cultura universal. El mundo occidental renuncia a ser la gran cultura rectora de los destinos históricos de la humanidad, rol que había venido desempeñando desde que en el siglo VI a.C. la Liga Ateniense derrotó a los últimos grandes imperios de la Antigüedad oriental. Luego, gracias a la expansión geográfica de la España del Renacimiento (Colón) y a sus triunfos militares (Lepanto) Occidente se convierte en la gran potencia económica, política y cultural del mundo. Nace, con ello, la modernidad. A partir de las Revoluciones Americana (1776) y Francesa (1789) se da origen a la Edad Contemporánea con el surgimiento del Estado democrático y la revolución científico-técnica como motor de la economía industrial; pero todo fundamentado en la promulgación y práctica de los derechos humanos, siguiendo las concepciones de Thomas Paine en Estados Unidos y de los jacobinos en Francia (1793 que perfeccionaba la de 1789).
Toda esta hermosa herencia humanista ha venido siendo sistemáticamente desechada con esas leyes que materializan una atmósfera xenófoba y políticas aislacionistas en Estados Unidos y la Unión Europea. Como muestra de lo dicho, mencionaré dos casos. Hace un par de años en este mismo espacio reproduje el juicio emitido por un comentarista de la Televisión Española, quien decía que “hoy en Dinamarca ser extranjero es como ser judío en la Alemania nazi”. Más recientemente se divulgó la noticia de que en Estados Unidos la Corte Suprema de Justicia dio el visto bueno a Bush para construir más de mil kilómetros de muro en su frontera Sur.
Con esas actitudes los países occidentales se aíslan de más del 85% de la humanidad que vive en el Tercer Mundo; han hecho de sus fronteras campos de exterminio donde corre a diario sangre inocente de piel morena. El Río Bravo es el que más cadáveres lleva en sus aguas en la hora actual. El Mar Mediterráneo se ha convertido en un abismo infernal que traga diariamente, tanto en Gibraltar como en las costas italianas, a decenas y decenas de famélicos inmigrantes que prefieren morir en las profundidades del mar antes que perecer de hambre junto a sus familias en sus países de origen... mientras Bush pide al Capitolio aprobar un presupuesto por más de $600 mil millones de millones en armas y en Europa una envejecida población ocupa sus ocios y tedios en alimentar mascotas y morir de sobrepeso. ¿Qué autoridad moral tienen esos países de hablar de derechos humanos y pretender convertirse en defensores de la justicia social cuando hoy cierran sus puertas y su corazón a esos pueblos explotados durante siglos por regímenes coloniales, cuyo objetivo era llevarse sus riquezas y explotar la mano de obra esclava en beneficio de las metrópolis?
P.S. En estos últimos días he contado al menos seis artículos publicados en tres periódicos diferentes en que aluden directa o indirectamente a mis críticas al régimen actual. Aparentemente se trata de una campaña cuyo origen es el mismo de donde provino el ignominioso memorandum Casas-Sánchez. Por eso solo me cabe recomendarles a los hermanos Arias que lean aquel texto en que Don Quijote le dice a su escudero: “Nos ladran Sancho, señal de que cabalgamos”.