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Esta semana, crucial para la nueva ruta a Limón, debe servirnos también para aprender, como país, a ser más eficaces y transparentes, de modo que nuestras obras de infraestructura nunca tengan que atravesar esos vía crucis a que veníamos lamentablemente acostumbrados


Nuevo ritmo para construir infraestructura


La aprobación en la Asamblea Legislativa del préstamo para la construcción de la ruta 32, a Limón, debería servir para, además, poner a prueba la eficacia de las modificaciones hechas a la Ley de Expropiaciones.
Después de dos viajes del Ministro del MOPT a China (país que prestaría el dinero) para renegociar las condiciones con que la empresa de ese país, CHEC, llevaría a cabo las obras, Costa Rica vería nacer, con esperanza, no solo el inicio de las obras en la ruta 32, que lleva como 30 años esperando, sino también una nueva forma de negociar y llevar a cabo las expropiaciones en el país.
Históricamente se han venido presentando los casos en Costa Rica en que una obra no se realiza, o se retrasa por años, por problemas con las expropiaciones.
En  este caso, se pondrán a prueba las reformas hechas a la ley que regula estas acciones para que este aspecto del proceso no retrase las obras
El Ejecutivo se ha comprometido. Suponemos que no hay una varita mágica pero pareciera que sí existe la voluntad política.
Todo el panorama en torno al caso de la ruta 32 ha estado claro para las autoridades desde que se diseñó el proyecto, diseño que origina las necesidades en materia de expropiaciones y traslados de servicios públicos.
Con las nuevas opciones existentes el Gobierno aparentemente pondría fin a los retrasos en el Congreso de casos como el que hoy nos ocupa.
En este caso, como en todos los demás, lo que se necesita es manejar las cosas con la debida seriedad e informar sobre esto con absoluta transparencia.
Los limonenses y el resto de los habitantes del país están urgidos de poder beneficiarse con la ruta 32.
Pero este, que es un caso particular, debería motivar a quienes deben resolverlo para que, de una vez por todas, cuando una expropiación o traslado de servicios deba hacerse por cualquier necesidad, ello no se torne un obstáculo.
La fórmula adecuada, justa para todos los actores involucrados, es la mejor manera de garantizar que todo podrá fluir sin tropiezos en este aspecto, de ahora en adelante.
Esta semana, crucial para la nueva ruta a Limón, debe servirnos también para aprender, como país, a ser más eficaces y transparentes, de modo que nuestras obras de infraestructura nunca tengan que atravesar esos vía crucis a que veníamos lamentablemente acostumbrados, no solo por expropiaciones sino también por malos manejos de contratos o concesiones.
 



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