Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 25 Diciembre, 2014

¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo!
Quizá la frase más repetida en el mundo en estos días.
¿Qué hacer para que nuestro fútbol prospere?
¿Nos dormiremos en los laureles de Brasil 14?
Tenemos que mejorar nuestro campeonato; el éxito en el Mundial combinó el trabajo extenuante de un director técnico exigente y detallista, con la calidad y entrega de una generación de futbolistas que juega fuera de nuestras fronteras.
Pero, la calidad de nuestro campeonato es mediocre.
Quienes vieron la final de la Copa Suramericana entre River Plate de Argentina y Atlético Nacional de Colombia, habrán notado la enorme diferencia sobre todo en ritmo de juego de este par de partidos con los de nuestro campeonato.
En Europa se juega a ida y vuelta; lo vemos diariamente por la TV: ahora estos dos equipos suramericanos nos enseñan una final de vértigo y si comparamos el par de duelos entre el América y los Tigres en la final mejicana, con los cuatro juegos semifinales de nuestro Invierno, habrá que apuntar lastimosamente notables diferencias.
Las canchas sintéticas le hacen un daño irreparable a la calidad de nuestro deporte favorito; el balón brinca diferente, pica y salta para todo lado. Las lesiones están a la orden del día.
Habrá que estudiar si de verdad son un mal necesario por lo crudo de nuestros inviernos o en algunas geografías se podrían eliminar, a costa de algunos sacrificios económicos.
En el fútbol del primer mundo no se juega en canchas artificiales.
La planificación de nuestro campeonato puede que sea exitosa económicamente, pero no es justa. La dirigencia debe hacer intentos para que campeonice el mejor, el más regular, el que sumó más puntos y no el que amarró una racha de magníficos partidos en el cierre. Esta forma favoreció ahora al Saprissa, pero antes igual lo perjudicó.
Como en Costa Rica no se pueden abarcar muchas cosas al mismo tiempo, empezar por esto, por mejorar las canchas donde se juega el campeonato, sería un paso gigante para el desarrollo y mejora de calidad de nuestro balompié.
El fútbol costarricense es lento, no tiene fantasía ni imaginación, los juegos son cortados, se pierde demasiado tiempo, nunca, pero nunca se juegan 30 minutos parejos en una etapa de 45. No pasamos de 22 o 23 minutos de tiempo exacto de juego. De esta lentitud y pereza nacen estas odiosas comparaciones, donde nuestros vecinos de aquí y de allá nos aventajan abismalmente.
Y recuerden: el 90% del seleccionado que se lució en Brasil juega afuera.

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