Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 12 Julio, 2013

Pasaron los tres días de rigor y se acabó la tormenta de la venta de entradas para el juego Costa Rica y Estados Unidos.
Si ayer hubiera llegado un revendedor a los alrededores del Estadio Nacional a ofrecer boletos, no se hubiera topado un solo periodista y menos un camarógrafo estorbándole en su labor.
¿Recuerdan cuántos fueron un día después del desastre?
Lo hemos escrito infinidad de veces.
La sentencia de don Ricardo Jiménez Oreamuno de que en Costa Rica no hay escándalo que dure tres días, es lo que tiene enterrado a este país. Esa falta de interés de los ticos por seguir y averiguar cómo terminan las cosas, combinado con la falta de sanción, de cárcel, que da pasaporte abierto a la impunidad, son los principales tumores que carcomen a nuestra sociedad.
Los corruptos saben que este es un país sin sanción; desde luego que algunos son atrapados en sus indecencias morales, otros cuando leen sus nombres en alguna investigación, de inmediato amenazan con acusar a los que osaron citarlos por calumnias, injurias o difamación y presentan las demandas que nadie sabe como terminan, si es que alguna termina cuarenta años después. Con eso les basta para “limpiar” sus nombres.
¿Cuál ciudadano costarricense no aplaude los trabajos investigativos de Greivin Moya en Telenoticias? Es un deleite y un baño de pureza y oxígeno mirar como desnuda a los presuntos implicados cuando los enfrenta cara a cara y con documentos en mano. La mayoría queda en paños menores.
Pero... ¿y después?
¿Cuántas personas denunciadas por el colega Moya, con pruebas contundentes están en la cárcel? Y esto se repite en todos los ámbitos en los que se mueve la sociedad costarricense. ¿Recuerdan las charlas fantasmas que se inventó un partido para cobrar deuda política adelantada?
Decenas de personas, miembros de esa agrupación, declararon que ellos no asistieron a ninguna charla pero sus nombres aparecían en las listas, con la firma falsa. Un delito penal, una estafa al Tribunal Supremo de Elecciones. ¿Y qué pasó?
Nada.
El escándalo de las entradas duró tres días. Eduardo Li anda en Portland; la tiquetera cuenta plata ganada en un negocio lícito y los revendedores a la espera de tirarse a pista y cobrar sus millones. ¡Qué viva la Pepa!

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