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Lunes 24 Enero, 2011

No…a un ejército

Hace algunos años, un Ex Presidente de la República, utilizaba la frase del “animal que tenía patas de pato, plumas y pico de pato y que hacía “cuak”, tenía que ser definitivamente un pato; ello para concluir que hay cosas que no importa cómo se le llamen, al final, conservan su esencia. Pues el canciller de la República, René Castro, ha emitido recientemente declaraciones a la prensa, en el sentido de que llegó la hora de repensar en la posibilidad de constituir un ejército en Costa Rica que no se llame ejército. Claro está, que se espera que estas manifestaciones emitidas por el Canciller no reflejen la idea de la administración Chinchilla Miranda.
Es desacertada la idea de constituir un ejército desde la perspectiva actual e histórica del país. En la actualidad, el mundo sigue el juicio que se desarrolla en la Corte de La Haya, donde se analizan las acciones e intenciones de un país en cuya historia el ejército ha sido protagonista, frente a una Costa Rica que hace décadas optó por su abolición y apostó por la paz. ¿Qué nuevo mensaje estarán comprendiendo, quienes han de juzgarnos, con las palabras del Canciller? ¿Será que la pacífica Costa Rica olvidó que su principal victoria ha sido siempre la verdad?
Estas podrían ser especulaciones, pero lo que no resulta serlo es que constituir una fuerza armada, como propone el señor Castro, representa un cambio de paradigma social, de cultura y eso no es algo que puedan decidir unos pocos, pues la tradición pacifista es de todos los costarricenses. Otra cosa distinta es que el país revise la política de seguridad, porque allí sí, los medios de comunicación informan todos los días de la violencia y muerte entre unas personas frente a otras sin que se vislumbre una fórmula para que los habitantes sientan protección en las calles o en sus hogares.
Las fronteras son el límite de nuestro territorio y no solo hay que defenderlo, sino asumir la obligación de desarrollar los pueblos fronterizos, cuyos habitantes se sienten abandonados. Y es que, en la tarea de escoger los medios para proteger nuestro territorio, no debe implicar de ninguna manera un cambio en la esencia de los costarricenses; en este sentido, la policía de fronteras había sido una idea que podría mejorarse.
El planteamiento de crear un ejército, aunque se llame de otra forma, cuenta con un obstáculo de orden constitucional, ya que del análisis de los artículos 12, 121.6 y 147.1 de la Constitución Política se interpreta que sería una decisión a tomar por el Congreso y no faltará quien quiera que este asunto tan delicado sea objeto de un referéndum. No obstante, esencialmente se tropieza con una muralla histórica y cultural: una Costa Rica de diálogo y del derecho internacional para resolver sus diferendos. El invertir en este tipo de represión no es una buena señal de recuperación de la seguridad ciudadana.
La paz ha permitido al país contar con índices de alfabetización de privilegio, un sistema de salud solidario, a pesar de sus debilidades; una infraestructura que, aunque crítica, llega a casi todos los rincones del país; entre otros logros sociales y económicos. Sin embargo, no permitamos que ninguna acción de provocación externa haga olvidar que el camino escogido desde 1949 resultó ser el correcto. Recordar lo que decía Don José Figueres Ferrer "Las victorias militares por sí solas valen poco. Lo que sobre ellas se construye es lo que importa”

Luis Gerardo Fallas Acosta
Defensor Adjunto de los Habitantes