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Sábado 27 Abril, 2013

El político llega al poder repartien¬do promesas de privi¬le¬gios. De ahí su deshonestidad, porque él sabe que sus promesas impli¬can más impuestos


No hay un almuerzo gratis

La realidad no puede forzarse; el requisito de producir algo antes de que pueda ser consumido no puede declararse inaplicable mediante una ley que busque un imposible almuerzo gratis. No se puede hablar de estar “libre” de las restricciones impuestas por la realidad.
Quien reclama un derecho a algo que no ha producido (o adquirido mediante medios voluntarios) está haciendo una de dos cosas: o está reclamando un derecho a que la Naturaleza lo provea de bienes sin esfuerzo, lo cual es absurdo; o está reclamando un derecho a quitarles bienes a otros contra su voluntad, lo cual es injusto.
El político llega al poder repartien¬do promesas de privi¬le¬gios. De ahí su deshonestidad, porque él sabe que sus promesas impli¬can más im¬puestos. Pero jamás lo oirá decir: “Vote por mí y le subiré sus impues¬tos” ni “Vote por mí y le quitaré su dinero, porque sé cómo gastarlo mejor que usted”.
En una elección es importante estar consciente de La Mentira. La Mentira es: “Le daré lo que usted quiera y haré que otra persona pague su costo”. Pero como no hay almuerzo gratis, el votante que proclama: “¡Yo quiero, yo quiero!” realmente está pidiendo: “¡Suba los impuestos, suba los impuestos!”.
Los políticos eternamente le prometen a la población algo a cambio de nada. Y como esto es imposible, como no hay tal cosa como un almuerzo gratis, como la riqueza debe producirse y no puede aparecer del aire, esa promesa toma la única forma práctica que puede: el saqueo de las personas trabajadoras y productivas para beneficiar a quienes no producen, ambos en el presente y en la forma de una hipoteca sobre el futuro.
Es puro canibalismo.
Se nos dice que la educación pública es “gratuita”. Pero no es gratuita, como nada lo es: no hay almuerzo gratis, alguien siem¬pre paga. La educación pública, con sus tantos defec¬tos, se paga con impuestos extraídos de todos noso¬tros por la fuerza.
La libertad siempre ha sido acosada por sus enemigos naturales: la ignorancia o la superstición, el ansia de poder y el anhelo de obtener un “almuerzo gratis” que de alguna manera caiga del cielo. Pero la realidad es que alguien siempre tiene que pagar por todo. Y, especialmente, alguien siempre tiene que pagar por las injusticias; y si los culpables no pagan, son sus víctimas las forzadas a pagar.
Como dice Bastiat, algunos sueñan con un Estado que cuente con una fuente inagotable de riquezas, que tenga pan para todas las bocas, trabajo para todos los brazos, crédito para todos los proyectos, soluciones para todos los problemas. Pero tal Estado no existe, ni ha existido ni jamás existirá.
El que sí existe es el Estado que vemos cada día: políticos, funcionarios y empresarios corruptos que nos quitan mucho y hacen poco, excepto engordarse a sí mismos y a sus amigotes, a costa de la población trabajadora.
Ellos no solo almuerzan, sino que también desayunan, cenan y viajan sin pagar; y para colmo, se hacen llamar cosas como “padres de la patria”.

Raúl Costales Domínguez
Escritor