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Martes 12 Mayo, 2009

No existe Singapur sin educación

Con poco más de 4 millones de habitantes y 699,4 kilómetros cuadrados, Singapur (en sánscrito significa Ciudad de los Leones) es el país más pequeño del Sudeste de Asia. Bajo el mandato del primer ministro Lee Kuan Yew, y enfrentando una severa crisis de desempleo y carencia de vivienda, nace como República el 9 de agosto de 1965.
La estrategia para enfrentar esa crisis se enfocó fundamentalmente en invertir fuertemente en educación, así como en establecer una industria de manufactura y servicios y en desarrollar un gran programa de vivienda pública. Para la década de 1990 la isla se había convertido en una de las naciones más prósperas, con una robusta economía, fuertes relaciones de comercio internacional y uno de los ingresos per cápita más altos del mundo. La esperanza de vida llegó a los 81 años y se alfabetizó al 92,5% de la población. A partir de los años 90, en un segundo estadio, el énfasis se puso en fortalecer las exportaciones; altas tasas de ahorro e inversión; un ambiente macroeconómico estable y, de nuevo, fuertes y sostenidas inversiones en educación. Observada cuidadosamente por el resto mundo para entender su milagroso desarrollo, mucho se ha escrito y analizado sobre sus estrategias económicas.
Pero para realmente entender el salto cualitativo que dio Singapur y el sostenimiento de la calidad de vida de su multiétnica y multirreligiosa población, es necesario ver las estrategias económicas en directa interacción con la estrategia de fuerte y sostenida inversión en la educación pública. No es casualidad que el ministro Traman Shanmugarantnam sea, a la vez, ministro de Educación y ministro de Finanzas y que, desde 1997 la visión de país se haya definido como “Escuelas que piensan, Nación que aprende” (Thinking Schools, Learning Nation).
Tal como dicen A. Luke y otros en un artículo publicado en el Asia Pacific Journal of Education: “El convencimiento de que el sistema educativo es el motor más importante de la nación, la economía y la identidad es compartido por el público, las familias, la clase política y el sector corporativo… (por lo que) el establecimiento de un sistema educativo básico, técnico y universitario de punta como un fundamento esencial para la construcción de la nación, ha sido asumido con gran fuerza, velocidad y compromiso fiscal sostenible.”
No es casualidad tampoco que, para enfrentar la crisis por la que atraviesa el mundo en este momento, la estrategia siga siendo invertir fuertemente en la educación pública. El actual primer ministro Lee Hsieng Loong ha advertido que en la coyuntura presente deberán hacerse recortes presupuestarios en varios rubros, exceptuando el de educación. Hay un firme convencimiento nacional de que solamente fortaleciendo la educación le será posible a Singapur sortear la crisis, y más importante aún, estar preparado para recibir las oportunidades que se abrirán en un futuro más prometedor.
Y es importante reconocer además, que la fuerte y sostenida inversión en educación ha sido utilizada de acuerdo con una clara y compartida visión de país. Debido a la importancia que se le concede a la educación, los y las docentes en Singapur tienen un alto reconocimiento social y cuentan con salarios muy competitivos. Son vistos como profesionales y en sus lugares de trabajo (en instituciones de educación pública) cuentan con salas de reuniones totalmente equipadas (donde semanalmente deben reunirse para reflexionar sobre la práctica docente), cubículos de estudio individual y espacios para la socialización interdisciplinaria.
Existen campañas (cuidadosamente diseñadas) en los medios de comunicación para atraer a los mejores hacia la carrera docente y hay salidas de media carrera para profesionales de otras disciplinas que quieran dedicarse a la docencia. Eso sí, deben rendir cuentas sobre su desempeño.
La infraestructura y los recursos educativos son de excelente calidad y las tecnologías disponibles son de primerísima línea. El estudiantado cuenta con espacios para estudiar, reflexionar, compartir, crear, aprender y hacer deporte. Eso sí, hay que rendir cuentas sobre el desempeño.
Sin embargo y a pesar de que como hemos dicho, existe una claridad nacional de que la educación le ha permitido a Singapur alcanzar, en medio siglo, los niveles de desarrollo que ostenta hoy, y que su sistema educativo público es reconocido como uno de los mejores del mundo, en este momento se promueven cambios e innovación en este campo. De acuerdo con el Ministerio de Educación se está atravesando por un período de transición: “de la eficiencia a la diversidad; de saber a pensar; de preparar a las personas para el trabajo, a facultarles con capacidades para aprender a aprender y a crear sus propias oportunidades.”
Ciertamente en Costa Rica tenemos mucho que aprender de Singapur en relación con la educación. Pero no tanto desde el punto de vista técnico, como del estratégico; del convencimiento nacional sobre el valor de la educación y de la indisoluble vinculación entre las políticas fiscales y educativas. Tal como dice S. Gopinathan: “No existe Singapur sin Educación.” En Costa Rica, por el contrario, parece que creemos que sí podremos sobrevivir, aunque le hagamos recortes a la educación.


Eleonora Badilla Saxe