Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 6 Junio, 2018

No es suficiente, doña Rocío

La semana pasada la ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, una profesional con credenciales impecables, propuso algunos “recortes” en los gastos del gobierno. Reconoció que se necesitaba una nueva ley de empleo público, y manifestó que tomaría un año para redactarla y presentarla para su aprobación. Está claro que a cambio a lo que ha presentado, que fundamentalmente “patea la lata pa’lante,” quiere que el pueblo aprueba el aumento en los impuestos que proviene del gobierno anterior.

¿Cómo logró el Partido Acción Ciudadana (PAC) convencer a esta distinguida economista a exponerse de esta manera? El que cree, aprobado un paquete fiscal, que el gobierno, incluyendo los diputados de varios partidos, va a aprobar una ley de empleo público que reduce los privilegios, bonificaciones y pagos adicionales de los servidores gubernamentales, es un ingenuo que da lástima.



Algunos de los recortes que propone la Ministra casi son risibles. Un ejemplo que provoca jocosidad es el de reducir el gasto en publicidad en un 50%. Si un gobierno recarpetea varias carreteras y repara o amplía unos puentes, ¿por qué necesita publicitarlo como “logro”? ¿No es su deber realizar este tipo de trabajo? La noticia sería si hiciera algo realmente novedoso y bueno (por ejemplo, reorganizar todas las rutas de los autobuses en la Aglomeración Metropolitana o construir un Metro) y sería tan sobresaliente que es probable que no requiera publicidad; los medios lo incluirán como gran noticia. Si fuera serio el recorte, sería del 90%.

Doña Rocío pretende recortar los gastos de viajes de los funcionarios en un porcentaje importante. Dentro de lo que es el presupuesto global del Estado, es tan pequeño el recorte que casi no vale la pena. Pero no se puede tomar como un recorte serio —era como Ottón Solís y los sándwiches de la Asamblea Legislativa. Más que todo simbólico.

Lo que aparentemente resulta cierto es que los recortes de la Ministra de Hacienda no llegan a un por ciento del producto interno bruto. Lo mínimo que el ciudadano podría esperar es que los recortes en gastos fueran del mismo porcentaje que lo que produciría un aumento en los impuestos.

Además, sin recortes serios, un aumento en los impuestos serviría para dar un respiro pero al concluir este periodo constitucional se necesitaría un nuevo paquete. Lo que hay que pensar es que el gobierno nuevo del PAC, igual al que terminó recientemente, es fundamentalmente incapaz de recortar gastos. Después de todo, las figuras que relucen en esta agrupación son empleados públicos y es posible que piensen en sus adentros que realmente es un deber de los ciudadanos mantener el nivel de vida de los burócratas; aunque tengan que sacrificar proporciones fuertes del dinero que ganan trabajando para darles confort a los públicos.

Si el gobierno del presidente Alvarado no les entra a los gastos de gobierno de manera seria en los primeros seis meses primeros de su periodo en el poder, es difícil que lo haga después. ¡Tempus fugit, Doña Rocío.

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