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Jueves 16 Diciembre, 2010


Navidad, Navidad…

Me han invitado a escribir en esta fecha tan postrera del año hábil. Y me pregunto, ¿de qué escribir? Temas hay, y a raudales. Pero, ¿le importarán a alguien, comenzada ya la bacanal anual con que simulamos recordar a Jesús, pero realmente satisfacemos la memoria histórica colectiva por el Mitra de hace dos mil años, y más antiguo aún por todos esos dioses solares con que el hombre ha intentado, a través del tiempo, compensar su soledad y su impotencia?
En la carrera por comprar lo que no necesitamos, ¿habrá tiempo para pensar en la invasión nicaragüense? Tema donde el grueso del pueblo, muchos altos funcionarios incluidos, parece suscribir calladamente la insulsa tesis de la OEA y de la mayoría de sus miembros, que suponen la existencia de un simple conflicto fronterizo. Pues no entendería que, si se trata de una real invasión, nos contentemos con trocar la tosca herramienta en platos para tamales… ¡Y que siga el vacilón!
En la carrera por comer hasta reventar, ¿habrá tiempo para meditar en el problema fiscal? Tema donde reiteradamente, desde que tengo uso de razón, la creación y aumento de impuestos ha intentado disimular la falta de voluntad por frenar la evasión. Con lo que al déficit se suma la injusticia, pues la carga fiscal cae sobre los pocos atolondrados que piensan que deben pagarla. Diez años después de imponer el delito fiscal, no conozco un solo condenado por evadir el impuesto sobre la renta. Y si hablamos de contrabando, habrán caído pececillos, pero los tiburones siguen, conocidos y respetados. Contribuyentes de campaña.
En la carrera por bailar más de lo que aconsejan los tendones, ¿pensará alguien en la amenaza que significa un gobierno entrabado, soportando una fiera y ambiciosa oposición en las propias entrañas de su partido, pero sin el sano contrapeso de lo que debería ser una oposición pensante y sana?
Ni qué hablar de la crisis. En Estados Unidos y Europa se están amarrando la faja por puro ejercicio deportivo. Y aquí, en el país más feliz del mundo, todo es alegría y contento. No solo por Navidad, que pronto pasará. Sigue año nuevo, Palmares, la playa, varios conciertos, el valentino día de los engañados y, para colmo de dichas, la inauguración de un pomposo y desproporcionado estadio. Estadio que no certifica la calidad de nuestro fútbol, pero que es justo homenaje a dos realidades muy pero muy ticas: el espíritu mercenario y pobrecitico con que ejercemos la diplomacia y la absoluta ausencia de un ordenado elenco de prioridades nacionales.

Ricardo D. González
Abogado