Entré a la escuela Juan Rudín en 1950 y me gradué bachiller en el Colegio Los Ángeles en 1960.
No conocí ni admiré tanto en esa década a un futbolista argentino que me hiciera enamorarme del fútbol, como José “El Nene” Sanfilippo, máximo goleador histórico de San Lorenzo y leyenda del fútbol argentino.
Este mago del balón, rebelde con causa, murió el 4 de junio a los 91 años. Su partida marcó un profundo dolor en el ambiente deportivo, siendo recordado tanto por su capacidad letal dentro del área como por su fuerte personalidad.
También brilló en la selección argentina, con la que jugó los mundiales Suecia 58 y Chile 62, jugó los Panamericanos México 1955, cuando Costa Rica puso a la Argentina contra las cuerdas y tuvo como compañeros a los “Carasucias” Corbatta, Maschio, Angelillo y Sívori, una delantera letal. Mantuvo un alto perfil una vez retirado, como polémico comentarista televisivo y hasta incursionó en la política.
Afiliado al peronismo, formó parte de la exclusiva comitiva que en 1972 acompañó al General Juan Domingo Perón a su regreso a la Argentina, en un vuelo desde Roma tras casi dos décadas de exilio.
Para todos era “el Nene”. Sinónimo de gol, fue un delantero implacable: aún hoy sigue siendo el máximo artillero de la historia del Ciclón, el club con el que ganó varios títulos y donde desarrolló la mayor parte de su carrera.
El polemista verborrágico en el que se convirtió décadas después de su retiro como futbolista no tapa al jugador brillante, al hombre que dentro del área resolvía en décimas de segundos, al artista que gastó las gargantas de Boedo hasta llegar a la impresionante cifra de 207 tantos con la camiseta azulgrana.
En una entrevista reciente expresó:
“Yo me preparé y perfeccioné desde chiquito y es lo que me preocupa de los pibes actuales: se tienen que dar cuenta de que para ganar dinero hay que hacer un gran sacrificio en las inferiores, luego existe una lucha por trepar y después tenés 10 años en la Primera y ahí hay placeres, mujeres, viajes, trasnoches, bebidas, equis, equis, y si no la sabés aprovechar, perdiste, porque a los 34 años, te hacen como te hacían en Rusia: te ponen la cabeza, cae la guillotina y pum…“
Fue Nene desde siempre. Desde que su papá, Horacio, le gritaba “dale, nene; corré, nene”, mientras el pequeño José competía en las inferiores de San Lorenzo. Y el apodo le quedó para siempre.





































