¡España campeón del mundo!
Pero empiezo con una curiosidad que solo al columnista le interesa.
Unai Simón, portero de España, juega con el número 23.
Emiliano Martínez, portero de Argentina, juega con el número 23.
Más de diez porteros que jugaron este Mundial, utilizaron el número 23 en su uniforme.
¿Por qué tantos porteros en el mundo juegan con el número 23? No sé la respuesta, pero me inunda la curiosidad.
Regresando al fútbol, después de observar el partidazo por el tercer lugar en que Inglaterra derrotó a Francia 6-4 y aplaudir la belleza de los goles de Mbappé, que finalmente le dieron la “Bota de Oro” y el arte que en la cancha dibujó Jude Bellinghan, la final entre España y Argentina soporífera para el espectáculo.
Durante 90 minutos, sin rematar a marco, los campeones del mundo, arrinconados en su territorio defensivo, por una Furia Roja que no necesitó ni ser furiosa para dominar el juego, hasta conseguir el gol de Ferrán Torres en el minuto 106, que mereció y le dio el título.
Emiliano Martínez, con paradas y desvíos determinantes alargó el 0-0 hasta que lo rompió Ferrán, un empate en blanco que estuvo a solo 14 minutos de llevar la final a la ruta de los penales, en la que el planeta fútbol conoce la capacidad del “Dibu” para detenerlos.
¿Jugó Argentina para que la final se decidiera desde el punto de penal?
La respuesta es negativa, porque el equipo de Lionel Scaloni no jugó a nada, con Lionel Messi dormido y los mediocampistas McAllister, Enzo y luego Paredes, volando machete.
La mediocre presentación de Argentina nos permite comentar, que quizá España ganó este Mundial con su partidazo de semifinales frente a Francia, la selección favorita a ganar el título, desaparecida de la cancha por la máquina asociada que entrena Luis de la Fuente.
Rodri, Fabián Ruiz, Dani Olmo, Álex Baena, Pedri, los propietarios del “chiqui-chiquí”, del toque-toque, del pasecito en corto asociado que cansa y desgasta al enemigo.
Porro y Cucurella, laterales extremos; Lamine y Niko Williams, explosivos, punzantes; un porterazo Unai Simón solo recibió un gol de Bélgica, los centrales, el joven Pau Cubarsí de 19 años, binomio con Aymeric Laporte de 32 primaveras, combinación perfecta y las anotaciones oportunas de los dos “Miguelitos”, Oyarzabal y Merino, figuras de esta España campeona del mundo, su segunda Copa universal después de ganar en Sudáfrica 2010. Ganó el fútbol porque ganó el mejor.





































