Siempre me provoca una leve sonrisa, la manifestación de Jeaustin Campos, cuando afirma que es muy fácil analizar un partido con el periódico del lunes.
En el caso del clásico que Saprissa le ganó 2-0 al Alajuelense, fácil analizarlo con los periódicos del domingo.
Los fanáticos del Alajuelense pidieron la cabeza de Ismael Rescalvo, frustrados por la derrota y no le perdonaron el grave error que cometió cuando en el minuto 55 sacó de la cancha a John Paúl Ruiz y a Creichel Pérez, los dos mejores futbolistas manudos en el campo. Pareciera que el grave error de Washington Ortega 4 minutos antes, descontroló al estratega del León. Hizo una pésima lectura del juego y mutiló a su equipo, cortándole las alas al sacar a dos de los jugadores más explosivos.
En la otra acera y como acostumbra cuando doblega a un grande, Hernán Medford se lanzó flores y manifestó que el triunfo fue consecuencia de lo que se planificó en los entrenamientos. Suponemos que se refiere al remate al poste de Matarrita, la ocasión de gol que dejó ir Parkins, el vuelo de Abraham para desviar el remate de Michel y los despejes agónicos de puños de Madriz, que ningún atacante manudo aprovechó.
Antes del apagón, Alajuelense proponía en ofensiva y Saprissa respondía con un trabajo ordenado en retaguardia, liderado por dos gigantes: Escobar y Guzmán. Los tiros de esquina que cobraban Celso y Matarrita eran en serie.
Se proyectaba un 0-0 para el final de la primera parte y llegó el apagón.
Se hizo la luz y en la “Saprihora” del primer tiempo, Orlando Sinclair anotó. Al 51 Washington les regaló el 2-0 y cuatro minutos después, Rescalvo les entregó el triunfo, con sus erradas variantes.
Excelente la victoria del Saprissa, jugó muy bien al contraataque, lució sobrio, con presencia y un espíritu de superioridad que se olfateaba en el zacate. Sin jugar mejor que su rival, no perdió la compostura y aprovechó acciones quizá inesperadas que le favorecieron para orientarse al triunfo.
Lo que no comprendimos al día siguiente fue el calificativo de héroe que se le otorgó a Hernán Medford por “callar muchas bocas”.
Tácticamente, el clásico no lo ganó “El Pelícano”. El León se hundió tras el error de Ortega. Igual nos sorprendió que se escogiera a Luis Paradela como el mejor del partido. Sentimos que Fidel Escobar tuvo acciones defensivas determinantes y merecía ser la figura del clásico. Claro que respetamos criterios distintos.





































