Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 16 Julio, 2010


Militares en Costa Rica


De pronto la tierra de paz, ejemplo de desmilitarización, está dispuesta a aceptar en su territorio a centenares de helicópteros y aviones artillados, a medio centenar de buques de guerra, buques hospitales y vehículos de reconocimiento que pueden desplazarse con la misma facilidad por tierra o por mar. ¿Qué pensará don Pepe allá en su apacible descanso? ¿Estará recordando ese glorioso primero de diciembre del 48 en que con un mazo destruyó para siempre la militarización del país? Desde entonces Costa Rica se convirtió en un referente internacional. Sin ir más lejos, en la década de los sesenta, mientras América Latina estaba infectada de dictaduras militares, relucía Costa Rica como el único oasis donde se podía beber paz y democracia.
No hay guerra más cruenta que la guerra silenciosa, la que va penetrando como el cáncer cada segmento de la sociedad. Son carteles poderosos que pueden comprarlo casi todo y, cuando se incrustan en un país, es prácticamente imposible extirparlos.
Comienza el baile de millones de dólares que, como un ejército de marmitas, empieza a corroer los sólidos cimientos de la justicia, de la política, de la democracia misma. Se introduce en las ciudades, en los barrios, en nuestros niños y jóvenes. Cuando nos damos cuenta de las dimensiones del desastre, ya es tarde.
Estamos frente a un gran desafío. La guerra que nunca iniciamos, nos va anestesiando, nos acostumbramos a vivir con ella, a desayunar y a irnos a dormir con noticias reiterativas de sicarios, de cargamentos de drogas que se multiplican como moscas, de jóvenes traficantes que entran y salen de las prisiones… en fin, ya nada nos sorprende. Son los fantasmas de la guerra invisible que termina paralizándonos y dejando que todo siga su curso.
¿Dónde está la policía? Que importa, siempre serán tan pocos, tan mal preparados, tan mal armados, tan mal pagados. Que duro.
Escucho voces que señalan que las fuerzas militares han fracasado en Colombia, en México, en Guatemala. No, fue la corrupción política que contaminó la pirámide social y debilitó las instituciones democráticas lo que facilitó que las guerras fueran tan cruentas y difíciles de ganar. Cuando los dos partidos mayoritarios de Colombia acordaron rotarse el poder y las elecciones fueron una payasada, se incrementó la corrupción y se dio inicio a la tragedia. Cuando el PRI se apoderó del poder y los presidentes de México elegían a dedo a su sucesor, se escribió la tragedia. En Guatemala fue la corrupción, la desigualdad y pobreza extrema.
Esta es una guerra. Costa Rica y Estados Unidos tienen un problema común y mal haríamos si no aprovechamos la ayuda en este momento crucial. La Sala IV se está encargando del aspecto constitucional. Pero la pregunta crucial sigue estando sin respuesta: ¿Cuál es la alternativa para enfrentar esta guerra? No hay alternativa. Pienso que don Pepe, con su anti militarismo en la sangre, no dudaría en este caso en tomar las armas amigas… una vez lo hizo.

Arturo Jofré