Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 16 Octubre, 2010


Elogios
Medicina prepaga


No voy a referirme a la noble ciencia médica ni a su evolución en las últimas décadas: yo nací en el Centro Gallego de Buenos Aires como toda mi familia, pero incluso los hospitales eran hospitales y lo fueron hasta que llegó el deterioro, como en todas o casi todas las latitudes.
Hoy está extendida la medicina prepaga, con resultados más mercantilistas que otra cosa: el Estado no puede con la salud del pueblo y el que no puede pagar se friega.
Se acabaron los médicos barriales, aquellos que se ocupaban de los seres humanos que han sido reemplazados por órganos que requieren especialistas, de tal modo que usted deja de ser una persona para convertirse en un corazón, un estómago, un hueso y así se multiplican las consultas y los costos.
Debe ser un buen negocio porque las clínicas privadas crecen, se modernizan pero no ingresan al mundo de las prepagas aunque incursionan en el del marketing: se venden bien. Pero lo que uno se pregunta es si el producto que ofrecen es algo más que puro oropel y ahora sí me refiero a nuestro país sin prepaga y donde la mayoría pretende que la CCSS lo haga todo con más exiguo presupuesto y con pacientes que en ciertos casos están a menudo de visita para obtener patente de enfermos y ausentarse del trabajo.
Hay excelentes médicos en la Caja y en muchos casos son los mismos que en las privadas, pero de lo que nadie se ha percatado es de que los hospitales, las clínicas, requieren —como ocurre en los países avanzados—, no directores con buena trayectoria profesional en medicina, sino aceptables médicos graduados con honores en algún postgrado de management o administración porque una cosa es curar o prevenir enfermedades y otra muy diferente manejar los recursos humanos o materiales, pacientes que son clientes y médicos, paramédicos, enfermeros, que además de sus profesiones, están cumpliendo una tarea social.
Como no tenemos ejército no nos damos cuenta de que los militares administran los cuarteles en todo el mundo, es decir que un coronel no puede estar a cargo de enfermerías, hospitales y regimientos mandando como militares sino dirigiendo los recursos. Es mucho más difícil que un profesional médico o militar especializado en administración se preste a chorizos, cada uno en su rol.
En una afamada clínica privada hace unos días éramos nueve pacientes para pagarle a un solo oficial novato que se tardaba una eternidad, se vio que muchas cosas no funcionaban pese al alto costo de la cuenta, pero la vistosidad del edificio era notoria y la publicidad, de algún modo era engañosa. Buen marketing, administración deficiente.
No saben allí lo que es un paciente frecuente ni lo que implica un trato preferencial por consumo. Yo creía que paciente es el que padece, de ahí el nombre; ahora comprendo que paciente es el que tiene paciencia para soportar el maltrato y que un paciente es alguien que nunca llegará a cliente.
Prefiero a mi cardiólogo atendiéndome en su modesta clínica de barrio, lo único que cambia en la clínica privada es el ambiente pero se duplica el precio. El médico es el mismo.

Leopoldo Barrionuevo
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