Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 10 Agosto, 2009


María de los ciber espacios


A pesar de mi falta de fe en un ser superior, aunque no practique ningún credo, las experiencias espirituales que alcanzan los creyentes de distintas religiones me resultan admirables. Me asombra comprobar que la fe mueve montañas. Me admiran las auténticas peregrinaciones a lugares santos, las procesiones con toda su espectacularidad, las diversas y complejas ceremonias religiosas, los rezos repetitivos que provocan un estado hipnótico.
Año tras año me impresiona observar a millones de romeros —la mayoría fervorosos creyentes— que se trasladan hasta la Basílica de los Angeles desde los rincones más remotos del país.
Por eso cuando me enteré que existía un sitio en Internet llamado romeriavirtual.com, me llevé una gran sorpresa. Descubrir que no se trataba de la broma de un joven fanático del ciberespacio sino de una iniciativa surgida del seno de la propia Iglesia, me dejó absolutamente anonadada. Así como para mí una relación por Internet carece de emociones, una romería virtual no posee ningún viso de espiritualidad.
Ahí estuvo la página en cuestión con fotos de los feligreses unidos a ridículas patitas: ¡hasta las de Michael Jackson y su célebre moon walk! Desde la comodidad de su hogar —y evitando el riesgo de contagiarse con el virus que obligó a cancelar la romería—, muchos “caminaron” a Cartago sin frío, ampollas, lluvia ni cuestas. También sin Cruz Roja, venta de empanadas, puestos de policía y patrocinadores: ¡gran fallo de los creadores del sitio!
Ahora bien: ¿cómo se realiza el trámite del pago de promesas o las peticiones hechas a la Negrita? ¿Estará la Virgen conectada a Internet? No me quedó claro.
Pero bueno: si las autoridades eclesiásticas creen conveniente modernizar la Iglesia en sus formas —no en sus posiciones (porque no lo hacen)— existen otros cambios útiles para sus fieles: ofrecer los sacramentos por medio de un sitio Web.
Los matrimonios religiosos, aun sin fiesta, son caros y complejos. Uno podría casarse en el templo de su elección (Nôtre Dame, por nombrar uno espectacular), decorarlo con los arreglos de las flores más exquisitas, escoger al mismísimo Papa para que realice la ceremonia y colgar la foto de su [email protected] y la de uno mismo (fotoshop mediante) en el cuerpo de [email protected] [email protected] modelo [email protected] por Armani.
Los pecadores podrían confesarse con un ciber cura por medio de un chat (eso sí: ¡privado!) y enviar por correo electrónico al ciber cielo la cantidad de Aves Marías y Padre Nuestros asignados, simplemente copiando y pegando los textos de las oraciones en el cuerpo del mensaje.
Y obviamente si una romería puede ser virtual, el incienso, el agua bendita y las hostias —indispensables para el bautizo, la primera comunión y la misa— también pueden serlo.

En esta nueva visión cibernética de la religión católica yo voy a extrañar particularmente las letanías lauretanas del rosario y su repetición hipnótica del ora pro nobis. Ni modo: ¡la Iglesia se instala en el siglo 21 y yo todavía evocando el 19!
Una última duda: ¿La Virgen de los Angeles, conocida como la Negrita, pasará a llamarse María de los Ciber Espacios y será conocida como la Inter-Negrita? Enviar sugerencias a virgendelosangeles.com. ¡¡¡¡La página existe!!!

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