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Mala suerte en Zapote

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 27 diciembre, 2012


Por supuesto la mala suerte no decidió los resultados de la conformación del equipo de gobierno ni la falta de firmeza a la hora de sancionar desaciertos o incompetencias


De cal y de arena

Mala suerte en Zapote

Por confesión hecha días atrás a la Revista Dominical de La Nación, sabemos que a doña Laura le ha llegado una gran cantidad de ofrecimientos para practicar rituales en sede presidencial que le espanten la mala suerte que según ella misma invade su gestión presidencial. No lo dice pero parece ser que se ha resistido a llamar a los chamanes para que bañen los pasillos de sus oficinas con los sahumerios y cánticos propios del ceremonial de invocación de los espíritus del bien. Deja en claro no creer ser víctima de las fuerzas del mal sino de la mala suerte, la pura y simple “salazón”. Los malos resultados, las torpezas, las incoherencias, las frustraciones que percibe el grueso de los ciudadanos según lo reflejan los sondeos de opinión pública, no son para ella evidencia de la presencia de errores que deba corregir. Dice allí que no hay una sola decisión errónea de la cual tenga que arrepentirse. “A veces me río de nuestra propia mala suerte”, dijo. Lo cual no deja de ser una complicación a la hora de establecer rectificaciones en la gestión de gobierno. Ligar sus resultados al azar de los dados es la negación de que la voluntad juega un papel importante en la política para seguir un orden y un método, para escoger un camino, para seleccionar a las personas que van a ayudar en la tarea. Por supuesto la mala suerte no decidió los resultados de la conformación del equipo de gobierno ni la falta de firmeza a la hora de sancionar desaciertos o incompetencias. Tampoco es lo que le vendó los ojos ante la deshonestidad que se desparrama en el voluptuoso mundo de las contrataciones con el sector privado y que hiere tanto la retina del ciudadano, como acusan las encuestas.
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Si fuera mala suerte debió aprovechar su viaje a Chimaltenango para buscar el amparo de tantos chamanes que se dieron cita ahí con ocasión del fin del baktun 13 y la llegada del baktun 14 con los mejores auspicios en era nueva. Allí —no tanto en la cúspide del Templo IV o Templo de la Serpiente de Dos Cabezas pero sí en la plaza principal donde ardía el fuego del “Nuevo Tiempo”— pudo gozar de más discreción que en el Valle de las Bolas de Palmar Sur para acudir a los ancianos, sacerdotes y chamanes a efecto de que le bañaran con los sahumerios y cánticos apropiados para espantar la mala suerte. De repente, si su esmirriada gestión de gobierno estuviese decidida por la mala suerte, allí se habrían espantado los gatos negros para fortuna y bienestar de los costarricenses. Pero no, los malos resultados no los determina el azar sino la ineptitud política. Doña Laura no muestra dotes de habilidad política; tampoco sus colaboradores (las virtudes intelectuales y académicas de algunos no siempre abonan el campo de las destrezas para la gestión política). Escogió distanciarse de quienes le podían aportar experticia desde las tiendas liberacionistas y se refugió en otros con más vocación por sus intereses económicos y financieros que por ayudarle a hacer un buen papel no en el periódico sino en la realidad. Esas aguas trajeron estos lodos.

Álvaro Madrigal

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