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Viernes 5 Noviembre, 2010

Los pilares de una socialdemocracia moderna

Poco después de las elecciones presidenciales del año 2002, el PLN quedó profundamente confundido sobre el papel que tenía que desempeñar para impulsar el desarrollo nacional. Los dogmas de la vieja socialdemocracia de la década de los 40 hasta la década de los 80, eminentemente estatistas, tanto en Costa Rica como en otros países, no parecían encajar bien en un mundo que había cambiado drásticamente después de la caída del Muro de Berlín.
Frente a esa nueva realidad, los partidos socialdemócratas de Europa y América Latina decidieron renovar su ideología, antes que la historia lo hiciera por ellos. Decidieron rectificar el papel de sus Estados antes que continuar refugiándose en ellos. Decidieron, en pocas palabras, modernizar su socialdemocracia. Fue lo que hizo el Partido Socialista de España con las reformas de Felipe González, el Partido Laborista del Reino Unido con el “nuevo laborismo” de Tony Blair, y todos los partidos socialdemócratas de los países escandinavos. Más cerca de nosotros, eso fue también lo que hizo el Partido Socialista de Brasil bajo el liderazgo de Fernando Henrique Cardoso, y el Partido Socialista de Chile con Ricardo Lagos. El mundo evolucionó, y parecía que solo nosotros no nos dábamos cuenta. Seguíamos aferrados a un pasado que nunca más iba a volver, y aún cuando el futuro ya nos había alcanzado y tomado por sorpresa, seguíamos teniéndole miedo al cambio.
Por ello, cuando regresé a la política lo hice presentándole al partido una disyuntiva: o el siguiente gobierno era el primer gobierno de la nueva socialdemocracia del siglo XXI, o era el último gobierno socialdemócrata del siglo XX y de la historia de Costa Rica. Quienes creían que la defensa a ultranza de los monopolios estatales era la credencial que definía una praxis socialdemócrata, tenían que entender que habían abrazado un modelo aislacionista y obsoleto. Convencidos de los terribles efectos de la inercia intelectual y la falta de pragmatismo en los que había caído el partido, culminamos en el 2005 el V Congreso Nacional “Daniel Oduber Quirós”, que abrió el camino a la renovación ideológica del partido y erigió los pilares de una socialdemocracia moderna. De una socialdemocracia que no confundiera los fines con los medios, que actuara conforme con los tiempos, y que fuera capaz de propiciar las grandes reformas que el país requería para ser cada vez más competitivo, próspero y democrático.
La socialdemocracia es una inspiración, no un manual; es una brújula, no una camisa de fuerza. La socialdemocracia que yo defiendo y quiero es la misma de don Pepe: “un sistema económico que produzca con eficiencia y distribuya con justicia”. Una socialdemocracia que defienda la presencia de un Estado vigoroso, pero también dispuesta a admitir que, por gloriosos que hayan sido algunos logros de la actividad estatal en Costa Rica y más allá, ningún principio socialdemócrata es suficiente para justificar toda intervención estatal como intrínsecamente virtuosa y justa. Lo que se había entendido por socialdemocracia no era más que una defensa sin cortapisas de un estatismo paralizante y hasta antidemocrático. En muchos casos, el dominio estatal de la prestación de un servicio no es otra cosa que una coartada para esconder su control por parte de grupos, gremios e intereses minoritarios y mezquinos, que muy poco tienen que ver con los del pueblo costarricense. Es preciso que entendamos que control estatal no es lo mismo que regulación estatal, y que control burocrático no es lo mismo que control democrático.
Una socialdemocracia moderna entiende que no necesitamos un Estado grande, sino un Estado fuerte, eficiente, bien financiado, capaz de regular el funcionamiento del mercado, y sometido al escrutinio permanente de los ciudadanos. Si queremos competir internacionalmente, si aspiramos a atraer las inversiones extranjeras que pueden potenciar nuestro desarrollo, si deseamos crecer en forma sostenida y reducir nuestra pobreza, necesitamos contar con servicios de calidad mundial, con teléfonos celulares que no enmudezcan, con conexiones de Internet confiables y a bajo costo, y con seguros cuyo cobro no sea una pesadilla kafkiana.
Por esa razón quise que hubiera competencia, para estimular la inversión nacional y extranjera en los sectores de telecomunicaciones y seguros que habría de crear empleos dignos para nuestra juventud.
Quise que hubiera competencia para que nunca más el país quedara atado a las decisiones burocráticas tomadas por un monopolio.
Quise que hubiera competencia para que nunca más ningún grupo o persona tuviera un derecho de llave sobre las telecomunicaciones del país, y para que nunca más nadie pudiera tomar como rehén nuestro derecho a comunicarnos.
Quise que hubiera competencia porque siempre he desconfiado de los monopolios, públicos y privados, económicos y políticos, que donde campean hacen proliferar los abusos contra las personas.
Modernizar a Costa Rica fue una de las principales razones por las que acepté la candidatura de Liberación Nacional. Logramos que los costarricenses vieran el futuro con esperanza, que entendieran que era posible para un país pequeño fijarse metas elevadas. Creo haber acabado con el derrotismo que se había apoderado de la población costarricense cuando pusimos a Costa Rica a caminar de nuevo. Sinceramente pienso que el retorno de la confianza fue el principal fruto que ofrendamos a la democracia costarricense al terminar nuestra gestión.

Oscar Arias Sánchez
Ex Presidente de la República