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Sábado 7 Septiembre, 2013

Y llegó Madrigal a encontrarse con su tocayo, también manudo, Juan Santamaría, para liberarlo de sus ataduras, de su claustro


Los Juanes del museo

Hace unos días quedé impresionado al visitar el “Museo Juan Santamaría”. Con mucha alegría constaté los significativos cambios que para su bien ha sufrido.
Por muchos años este ente público, a pesar de conservar la historia de una de las gestas de mayor trascendencia para Costa Rica, estuvo inerte, “sin vida”, prácticamente olvidado e ignorado.
Lo peor que le puede pasar a un museo, que de por sí guarda documentos y objetos del pasado, testigos mudos de una época, es que no se le dé vida, que no se le oxigene, cuando su objetivo debe ser transmitir de generación en generación sus riquezas.
Por lo tanto lo peor sería que cierre sus puertas y guarde para sí mismo sus secretos, sus historias, negándole a su pueblo la valiosa oportunidad de entrar en él e informarse y documentarse que por lo que pasó ayer, se construyó lo que somos hoy.
Anteriormente, fue lo que le pasó al Museo Juan Santamaría que por muchos, muchos años, era un “vecino” más en Alajuela, para mayores señas frente al parque de los mangos, pero desconocido por la mayoría de los alajuelenses y de la ciudadanía en general.
Dentro de sus muros había un gran personaje deseoso de contar su historia, su verdadera historia, de nombre Juan Santamaría, pero lo tenían atado, encarcelado y mudo por mucho tiempo.
Fue hace poco más de tres años que llegó otro manudo de cepa, cuya vida ha sido la de contar cuentos, leyendas e historias, deseoso de incluir en su vasto repertorio la historia más grande de Costa Rica que nos dio identidad e inculcó un verdadero patriotismo del que nos enorgullecemos hasta nuestros días.
Por esas cosas de la vida que no son casualidades, son “diosilidades”, ese cuentero fue llamado a dirigir el Museo Juan Santamaría. Y por otra “diosilidad” este alajuelense llamado a cuentas para abrir de nuevo los telones de este gran escenario histórico, se llama también Juan, Juan Madrigal, más conocido en el argot popular, como Juan Cuentacuentos.
Y llegó Madrigal a encontrarse con su tocayo y también manudo de nacimiento, Juan Santamaría, para liberarlo de sus ataduras, de su claustro, del silencio al que estuvo destinado por varios lustros. Abrió puertas y ventanas, remozó áreas por las que entraron aires frescos y abundante luz.
En la actualidad podemos recorrer sus nuevas salas en las que, increíblemente, nos van a contar la historia sus propios personajes, representados como en el teatro, cambiando la función del museo y haciéndolo vivo en los terrenos de los acontecimientos, creencias y costumbres.
Para narrar esta gesta, se han valido de elementos virtuales e interactivos, para lo cual han dispuesto pantallas táctiles y una sala de video en la que exponen un resumen de esta valiosa historia nacional.
Además, y no contento con rescatar la historia de su famoso tocayo, Juan Madrigal y su equipo presentan ahora un museo vivo plenamente, abierto al servicio de la comunidad alajuelense y nacional. Ahora la población es invitada y llega constantemente a presenciar y disfrutar diferentes representaciones, exposiciones y exhibiciones artísticas y culturales; talleres de diferentes disciplinas; clases de cine y de baile y el ya “tradicional” Teatro al Medio Día, los días jueves.
Ahora, la historia es contada y vivida otra vez… el pueblo lo agradece y lo celebra.

Arturo Chavarría E.

Educador pensionado