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Miércoles 7 Abril, 2010

Los fieles y la economía

El pasado 26 de marzo, en vísperas de la Semana Mayor, se publicó un artículo denominado “Católicos, pero menos” en LA REPUBLICA. Sin cuestionar en lo más mínimo este estudio de la Universidad de Costa Rica, queremos referirnos a un aspecto diferente: ¿Por qué los fieles son menos practicantes?

A todas luces la sociedad costarricense ha sucumbido al impacto de la economía en varios frentes, y uno de ellos es el de dar preponderancia a cualquier objetivo que se considere “económico”, “rentable” y se deja de lado al ser humano integral, esa persona que si bien necesita de elementos materiales y económicos, también urgentemente clama en su interior por una guía espiritual.
Nosotros mismos hemos contribuido al modificar la realidad de las prioridades y en nombre de la economía alejamos a la persona de la fe, independientemente de que sea católica, al cortar cada día más espacios para la práctica, la meditación y el desarrollo integral del ser humano.
Veamos una cadena consecuente, solo por citar algunos ejemplos en el caso del catolicismo en Costa Rica. Hace varios años se eliminaron los días “feriados” religiosos católicos, en otras palabras, se le eliminó a un pueblo esencialmente religioso y católico el poder celebrar sus fiestas; los comercios obligan a los trabajadores a presentarse casi seis o siete días a la semana a laborar independientemente de que se les paguen salarios extraordinarios, como consecuencia, el escaso tiempo libre de la persona es utilizado para dormir, ir de compras para la semana, lograr ver a los hijos y cuando se puede, asistir a un oficio religioso.
Dos comentarios llaman la atención, a fin de año una cajera de un supermercado indicaba en voz alta: “si me echan que me echen, mi hijo va a cumplir seis años y nunca he pasado un 25 de diciembre con él, este año me quedo con él aunque tenga que buscar trabajo luego”, y otra joven dependienta de una tienda indicaba: “solo cuando era niña disfrutaba de la Navidad, ahora es tanto el agotamiento por los horarios que nos ponen que no quiero saber nada de la Navidad.”
Entonces, la visión económica produce grandes impactos en este y cualquier país, donde ahora hasta un Viernes Santo se obliga a trabajar cada vez en más comercios, y se limita a las personas a participar en los actos religiosos aun cuando lo desearan.
Podría servir este criterio al menos para llamar la atención de aquellos propietarios de negocios que siendo católicos, pueden aportar en beneficio de su fe. Sería muy diferente si respetando las fechas católicas, el empleado tuviera la oportunidad de decidir asistir o no a los oficios, porque son muchos los fieles que no asisten porque no pueden, no porque no quieren.

Germán Guerra Vargas
Consultor
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