No importa si es en primaria, secundaria o superior donde dan las clases, hay dos tipos de docentes. Están los que se sienten orgullosos por dominar el tema que imparten y que quieren que los educandos lo asimilen también y los que perciben a los estudiantes como mayoritariamente tarados y que, si aprenden la materia bien, y si no, que se queden.
Hay que entender que el docente es una persona diferente a los demás de los profesionales. Normalmente cuando un joven cursa estudios universitarios lo hace pensando que después va a ejercer y si tiene éxito ganará importante sumas de dinero. El docente en formación y luego en ejercicio no trabaja por el dinero – es la profesión que menos recibe en salario. Muchos docentes no lo entendieron bien en su época de formación y ahora están muy endeudados.
Esa falta de dinero crea resentimientos y estos muchas veces se trasladan al aula. Son “anti sistema”, “anti empresa privada”, “anti valores básicos” y lamentablemente “anti estudiantes.” Estos son los que complican las materias y se orgullecen al dejar una cantidad buena de alumnos. Si es en sociales en la universidad esperan que el alumno piense igual que ellos, que marche en las protestas, que se expresa públicamente en “contra” de algo.
En contraste están los docentes felices, que viven sus materias, que los explica para que todos lo entienden. No hay materia tan complicada – después de todo aún todos somos humanos—que no lo pueden dominar con la instrucción impartida.
Cuando en un colegio hay puros profesores aburridos, resentidos y frecuentemente ausentes, hay más deserción – y si los padres están desinteresados más probable aun que los jóvenes abandonan. Algunos terminan siendo “ninis” (ni trabajan ni estudian), otros comienzan una vida caracterizada por labores en chambas al pie de la pirámide – bajo salario, poco pensamiento y pocos logros. Otros pasan a ser miembros de las pandillas y para la mayoría de estos últimos es existencia de más dinero y menos esperanza de supervivencia.
¿Cuál es la solución de esta situación? Siempre habrá mal padres y es difícil arreglar eso. A mi punto de vista, y admito ser exdocente de los buenos, es pagar mejor pero también controlar más al docente y erradicar de la planilla a los que faltan mucho, enseñan mal, dejan sus estudiantes y provocan malestar de ánimo entre todos los que encuentran.
Recuerdo como fuera ayer un profesor de filosofía que me hacía sentir que estaba presente en las conversaciones entre Trasímaco y Sócrates. Por el otro lado recuerdo una profesora de literatura que me perdía con “símbolos implícitos” en la obra; aún hoy creo que el mismo autor de un libro que estudiamos lo hubiera dejado por no entender. Me encantó trigonometría, no tanto biología. El factor nunca fue la materia misma -- era el docente.
Un sistema educativo exitosos convierte a los alumnos en estudiantes vitalicios – siempre pensando, siempre buscando, siempre preguntando. Docente bueno, estudiante que piensa, docente malo, estudiante que deserta.





































