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Martes 9 Marzo, 2010

Lo que el viento nos dejó…

Ahora que los mercados financieros mundiales se encuentran en de recuperación, surge el debate sobre lo que se debe hacer para evitar una hecatombe similar. Meses atrás grandes firmas del mundo de las finanzas estuvieron al borde del colapso de no ser por la intervención estatal. Al final de cuentas fue salvar a entes que se expusieron a riesgos excesivos innecesarios (una manera elegante de llamar así a la codicia).
¿Cómo hacer que los mercados financieros sigan operando y al mismo tiempo establecer las reglas del juego para evitar otro desastre? A finales del pasado enero, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció su intención de aprobar una ley para regular los mercados financieros conocida como Volcker Rule (La norma de Volcker). La nueva regulación se fundamenta en un principio simple pero radical para las actuales prácticas bancarias, prohibir que los bancos tengan prácticas conjuntas de banca de inversión y de banca orientada al consumidor (cc. retail banking). ¿La razón? Los bancos encontraron muy conveniente asumir posiciones especulativas de alto riesgo apalancados en los dineros de sus clientes.


El anuncio de esta regulación trajo consigo que las acciones de muchos bancos cayeran debido a que las nuevas normas restringirían el flujo de liquidez. Además la información que se proporcionó fue poco detallada, lo que generó incertidumbre en el mercado.
Creo que existe un consenso en todos los ámbitos luego de esta crisis: nadie quiere que vuelva a ocurrir algo semejante. Para vislumbrar una regulación que permita mantener la liquidez de mercado, la seguridad del consumidor y la posibilidad de potenciar negocios, creo conveniente entender qué nos llevó a este problema.
Varios especialistas, entre ellos Volcker, han señalado que la abolición de la regulación Glass-Steagal en 1999, que precisamente marcaba la división entre banca retail y banca de inversión, fue lo que propició esta debacle financiera. Los intentos entonces de volver a regular los mercados financieros buscan sustentarse en el espíritu de esta, ahora extinta, norma.
Asimismo, es importante entender que la mano invisible de Adam Smith y los principios de Milton Friedman no parecen tener más cabida, puesto que se ha demostrado que los mercados no se autorregulan. Por el contrario, parece que la regulación fue lo que los mantuvo relativamente sanos, y fue la intervención estatal la que salvó la economía. George Soros, magnate y gurú de las inversiones, señalaba que la academia estaba en deber de remodelar la teoría económica, puesto que los actuales parámetros han fallado.
A mi parecer, la regulación debe existir pero orientada a la limitación de la excesiva toma de riesgos financieros y a la creación de productos financieros tóxicos como los Credit Default Swaps de hipotecas subprime. Separar la banca de inversión de la banca convencional puede traer problemas de apalancamiento porque los bancos de inversión no tendrían los fondos suficientes para nutrir de liquidez al mercado y así dinamizar la economía a través de capitales de riesgo y fondos de inversión. Asimismo, creo en la idea de dar un tope a los bonos de los banqueros. Así será menos probable que la codicia vuelva a ocupar el lugar de la lucidez de las mentes brillantes que manejan los grandes bancos.
Además, quedó demostrado que los mercados financieros son muy interdependientes y fácilmente afectados entre sí. Por tanto, las acciones pertinentes deben ser globales.

Fernán Campos
Ingeniero y economista