Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 30 Agosto, 2013

El libro no solo ha sido texto para la lectura, sino también pretexto para que las otras artes deleiten al numeroso público


Libro: texto y pretexto

San José se ha convertido en estos días en el escenario de la apoteosis de las letras. En la semana pasada celebramos, con la honrosa presencia de numerosos miembros de academias de otras latitudes y, en especial, del presidente de la Real Academia de la Lengua Española, la celebración de los 300 años de la fundación de la Real Academia y de los 90 de la Academia Costarricense.
Durante toda la presente semana se lleva a cabo una versión más de la Feria Internacional del Libro. Inaugurada el viernes pasado, bajo los auspicios del Ministerio de Cultura y la Cámara del Libro, dicha semana ha sido dedicada a nuestro gran vecino y hermano, México. Y no es para menos; basta con mencionar la labor admirable de Carlos Ortega y Pedro González-Olvera al frente del Instituto de Cultura y de la ex embajadora María Carmen Oñate para reconocer la justicia que se hace al dedicarle a México este evento.
Las hermosas y vetustas paredes de la antigua Aduana son ahora escenario de un verdadero culto de latría a ese gran promotor de una de las más grandes revoluciones culturales que, gracias a Gutenberg, desde el fin de la Edad Media y en pleno Renacimiento se convirtió en factor determinante de los grandes acontecimientos que cambiaron la historia.
Y si no, preguntémonos: ¿Qué hubiera sido de la Reforma Protestante si Lutero no hubiera sustituido al papa por un libro, la Biblia? ¿Qué hubiera sido de las revoluciones democrático-liberales si no se hubiera inventado el libro impreso haciendo de la libre expresión y difusión de las ideas un derecho humano fundamental? ¿Qué hubiera sido del recién forjado método científico experimental y de la filosofía moderna si sus invenciones no se hubieran propagado gracias al libro? Y sobre todo ¿se hubiera concebido la alfabetización como un derecho de los pueblos y un deber del Estado si no hubiese textos impresos para enseñar las primeras letras?
Pero hoy eso que Mac Luhan llamaba “La galaxia Gutenberg” podría estar llegando a su ocaso, según algunos, ante el incontenible empuje de Internet .
¿Es hoy Google el sustituto de la biblioteca tradicional? ¿Son hoy las “redes sociales” los verdaderos garantes de la auténtica libertad de expresión? ¿Qué futuro le espera al libro?
Nadie parece aquí hacerse estas preguntas que, desde hace algún tiempo, vienen ocupando y preocupando a los medios intelectuales allende nuestras fronteras.
El libro sigue gozando de una envidiable salud. Hoy el libro reina en el mundo de la cultura como un monarca en tiempos del absolutismo. ¿Presagio de una revolución cultural equivalente a la de 1789 en política?
Por lo visto y sentido en la actual Feria del Libro no hay indicios de que esto pueda darse a corto plazo. Más aún, en la Aduana el libro no solo ha sido texto para la lectura, sino también pretexto para que las otras artes (música, danza, teatro, artes gráficas) ocupen la atención y deleiten al numeroso público que abarrota esas instalaciones.
No quisiera terminar estas líneas sin invitar a quienes no han ido a la Feria, a que lo hagan ojalá con parientes y amigos, porque la apoteosis del libro sigue hasta el próximo domingo.

Arnoldo Mora