Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 20 Agosto, 2010


Laura, déficit social


Dos importantes acontecimientos han mostrado hasta qué punto el ambiente político nacional se ha enrarecido por no decir polarizado: la multitudinaria manifestación organizada por las universidades públicas y el discurso de la Presidenta el día anterior en el Auditorio Nacional.
Con ello, se ha hecho patente, una vez más, lo que ya había mostrado la lucha de los ecologistas contra la mina a cielo abierto en Las Crucitas, a saber, que la confrontación político-social ha caracterizado estos primeros 100 días del gobierno laurista; con lo que el continuismo arista se ha hecho evidente, no tanto porque ha ganado el mismo partido con una candidata puesta a dedo por el gobernante anterior, sino porque la problemática económico-social sigue siendo la misma o, peor aún, se agrava cada día.
Los polos de confrontación se hicieron evidentes con pocas horas de diferencia. Pero, por razones de espacio, me limitaré a hablar tan solo de las propuestas del gobierno.
El lunes por la noche en el Museo de los Niños, la Presidenta montaba un show mediático con el que pretendía responder a las críticas que la opinión pública ha externado luego de los 100 primeros días de (des)gobierno laurista.
La primera impresión que me ha dejado lo visto y leído en los medios es que no se percibe nada nuevo, ni se muestran signos de que se vaya a hacerlo en un futuro próximo. Todo lo contrario, las propuestas de la señora Chinchilla no hacen sino reiterar las promesas de campaña. Doña Laura sigue en campaña. No da la impresión de que las elecciones ya pasaron y que ella las ganó; no se ha quitado el ropaje de candidata y sigue actuando como si todavía debiera ganar votos.
Tal vez, en alguna medida, tenga algo de razón pues, si solo logró llegar a Zapote con poco mas de un cuarto del padrón electoral, hoy los escépticos se han sumado a los adversarios de ayer, por lo que los críticos podrían haber crecido después de estas breves semanas de haber asumido la presidencia. Lo cual es aún más grave para ella, pues ahora debe gobernar para todos los costarricenses.
Laura necesita un amplio consenso ciudadano si quiere asumir con posibilidades de éxito cosa que todos deseamos la hipoteca que le dejaron los Arias.
Pero eso no se lo va a dar la Negrita, aunque haga peregrinaciones; debe ganárselo demostrando con hechos lo que hasta ahora no han sido más que palabras y gestos.
El reto mayor radica en el campo social. Es allí donde está el mayor déficit, como lo demuestra su discurso del lunes por la noche. Un discurso dice mucho, no tanto por lo que expresa en palabras como por lo que no dice, mediante lo que oculta. Con frecuencia los silencios son más elocuentes y desnudan más las intenciones que las palabras.
Lo que más impresiona en la intervención de la Presidenta es la ausencia de políticas en materia de producción agrícola, como lo señaló de inmediato el diputado Juan Carlos Mendoza, jefe de fracción del principal partido de oposición. Desde hace mucho tiempo he venido insistiendo en que la aplicación del TLC con Estados Unidos, entre otros muchos males, traerá como consecuencia la destrucción de la agricultura nacional, como el conflicto actual con los arroceros ya lo está presagiando.
Otro signo ominoso de lo dicho es la posición de las tres ministras que tienen que ver con la agricultura, que no hacen sino aplicar al país lo que exigen los subsidiados “farmer” americanos, los grandes beneficiados del TLC, frente a los desprotegidos campesinos costarricenses.
Lo dicho no es más que la continuación de las nefastas políticas del gobierno anterior, que ya había, en la práctica, destruido el Consejo Nacional de Producción, con el fin de beneficiar, entre otras cosas, en especial a los propietarios del más grande ingenio del país, el Taboga, cuyos propietarios son, no por casualidad, los hermanos Arias.
En conclusión, las promesas de doña Laura no son una auténtica solución… si es que se llegan a cumplir.

Arnoldo Mora