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Latinoamérica evita lo peor de la crisis

Londres
EFE

Las economías latinoamericanas están todavía pagando las consecuencias de sus anteriores crisis bancarias, pero en cierto modo gracias a ello los bancos de la región han logrado superar “con relativa comodidad” las actuales turbulencias mundiales, indicó ayer el Financial Times.
Algunos bancos, en especial los más pequeños, se han resentido de un menor acceso a la financiación, pero banqueros, analistas financieros y funcionarios gubernamentales coinciden en que los mercados financieros internos han seguido funcionando pese a los problemas en los de los países desarrollados.
Pese a todo, la crisis global seguramente obligará a los bancos latinoamericanos a apretarse el cinturón y, a consecuencia de ello, es posible que se produzcan fusiones.
Aunque los directivos dicen que la fusión entre Banco Itaú y Unibanco no fue consecuencia directa de la crisis, los analistas creen que los bancos más pequeños de Brasil y otros países latinoamericanos serán probablemente devorados por otros más grandes.
En general, según el diario económico londinense, los bancos latinoamericanos están demostrando ser muy resistentes, lo que se debe en parte a que los sistemas bancarios de la región son relativamente pequeños pese a la aceleración del crédito en los últimos años.
Tan solo en Chile, país que sufrió su última crisis bancaria hace ya un cuarto de siglo, los créditos bancarios al sector privado superan el 75% del Producto Interior Bruto.
En Brasil y México, que sufrieron sus propias crisis bancarias a mediados de la década de 1990, esos créditos representan el 40% y el 20% del PIB respectivo, y en Argentina, cuya crisis es más reciente, rebasa ligeramente el 10%.
Escaldados por las crisis pasadas, los bancos centrales de los países latinoamericanos han limitado sus empréstitos en dólares y han insistido una y otra vez en la necesidad de que los bancos dispongan de suficiente capital.
En Brasil, por ejemplo, cerca del 30% de los depósitos bancarios están depositados en el banco central como reserva de capital, lo que permite a éste, en caso de necesidad, inyectar liquidez al sistema.
El banco central ha autorizado también a los bancos propiedad del Estado, incluido el Banco do Brasil, a comprar acciones en bancos privados y a comprar carteras de créditos.
En México, la banca extranjera provee más del 70% de los créditos al sector privado.
Banorte, el cuarto mayor del país, es el único banco de propiedad mexicana que sobrevive entre los mayores institutos financieros, junto a las filiales del BBVA, del Santander, Citibank y HSBC.
Algunas empresas se quejan de que los bancos han limitado los créditos a las empresas mexicanas con el fin de repatriar los fondos a sus oficinas centrales.
Sin embargo, el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, dijo al FT que ese instituto tomó medidas para que los bancos que operan en su país se mantuviesen “alejados de los productos tóxicos” que han causado estragos en la banca estadounidense.
“En nuestro sistema bancario tenemos muy pocos problemas en comparación con lo que ocurre en otros países. Es cierto que tenemos cierta preocupación en lo relativo al incremento de las obligaciones vencidas en las tarjetas de crédito, entre otras cosas. Pero no se trata de un riesgo sistémico”, explicó Ortiz.
Según fuentes de la CNBV, el regulador bancario mexicano, “el sistema bancario de México es muy fuerte. Tiene una base de activos muy firme, sigue concediendo créditos, está bien capitalizado y dispone de abundantes reservas”.
En Brasil, nueve bancos —pronto serán solo ocho— representan casi el 90% de los depósitos en efectivo y tres de ellos son de propiedad estatal, lo que significa a su vez que más de 150 institutos más pequeños dependen fuertemente para su financiación del mercado interbancario.
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