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Las características de un magistrado

Carlos Denton cdenton@cidgallup.com | Miércoles 24 octubre, 2018


Las características de un magistrado

Un candidato a magistrado debería ser una persona profesional con amplia experiencia en el mundo de la jurisprudencia. Posiblemente trabaja en un bufete y defiende a ultranza a personas u organizaciones acusadas de algún delito; o participa en la resolución de conflictos civiles a un lado u otro de una disputa. Los que lo contratan consiguen como abogado a un sabio que se dedica a conocer y servir a sus clientes. Alternativamente ha funcionado por años como procurador o fiscal, y ha puesto a malhechores tras las rejas.

Posiblemente da clases en la universidad donde sus lecciones se consideran sobresalientes. Más de una vez los estudiantes aplauden cuando da argumentos y explicaciones de una situación frente al código legal. Quizás hay un libro escrito por este profesional que debería ser lectura obligatoria para todo estudiante de derecho.

Este profesional que ahora espera ser nombrado magistrado ha disfrutado de una vida ejemplar. Posiblemente ha encabezado alguna organización sin lucro dedicado a la defensa de los indigentes acusados equívocamente de algún crimen. O quizás es miembro prominente de una asociación civil dedicada a la preservación del medio ambiente o que promueve el establecimiento de micro y pequeñas empresas entre los que tienen menos oportunidad.

Maduro, templado, el candidato ostenta una trayectoria sin manchas ni enredos. No ha dejado durante su carrera a personas destrozadas, mal servidas y enojadas. Tiene la capacidad de pensar lógicamente y discernir cuando “se le quisiera meter el cuento.”

Un magistrado serviría por un periodo de ocho años, atendiendo las necesidades de la patria, antes de regresar a su vida como abogado profesional. El salario que percibe durante su periodo de magistrado probablemente es menor de lo que ganaba en el ejercicio liberal. Pero para esta persona ejemplar lo importante es atender a la defensa de la Constitución Política.

El magistrado demostraría antes de su confirmación por la Asamblea Legislativa su comprensión de problemas nacionales. También revelaría su capacidad de trabajar en equipo, analizando y deliberando con otros expertos en las leyes. Tendría poco o ningún interés en la política electoral y tendría como enfoque el bienestar de la totalidad de los habitantes.

Es un sabio un magistrado, un letrado. Si algo se puede decir sobre él es que no es mezquino y no busca hacer carrera; no piensa jubilarse en el puesto o aferrarse permanentemente al mismo.

El magistrado tiene mucha capacidad de comunicación y sabe cómo comprender lo que dicen los que aparecen en las salas donde preside y también de dejar a los que se presentan frente a él a entender su lógica y razón por tomar una decisión.

El magistrado conoce a ultranza la Constitución Política y ha deliberado sobre las implicaciones de sus diferentes artículos. Jamás buscaría una confrontación de poderes de la República y entendería que su papel sobre todo es la defensa del estado de derecho.

¿Qué tal los magistrados actuales costarricenses? ¿Ostentan las características descritas? Si no es así, ¡tenemos problemas nacionales muy serios!

cdenton@cidgallup.com 



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