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Jueves 7 Febrero, 2008

La verdad a precio de muerte


El pasado 27 de diciembre la verdad quedó, una vez más, silenciada y entró en retroceso por milésima ocasión. El homicidio de Benazir Bhutto, una mujer prominente en la política de su país, ex primera ministra de Pakistán, hija del fundador del Partido Pro Pakistán (PPP), Zulfikar Alí Bhutto, quien no cedía ante la presión de sus adversarios y creía en un país mejor, quedó silenciada, cuando salía de un mitin electoral en la ciudad de Rawalpindi a menos de 15 días de las elecciones presidenciales. Y como si la vida nos estuviera dando una lección, el francotirador precisó el disparo en el cuello.
Jesús y Esteban. Este acto es uno de los muchos que han sucedido y que lastimosamente seguirán sucediendo. Algunos por ejemplo fueron Jesús, el Hijo de Dios, hecho ser humano quien por hablar con la verdad y afrontar con su carisma a los conocedores de la Ley de aquel tiempo terminó en un madero con tres clavos y una lanza en su costado. Luego su seguidor, Esteban, el primer mártir del cristianismo a quien lo apedrearon por creer con todo su corazón el mensaje de verdad que trajo Jesús.


Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Pero, avancemos un poco más en el tiempo. Hace algunos años atrás creyeron callar la voz de monseñor Romero, quien se unió al pueblo en defensa de los derechos de sus habitantes en 1980. Monseñor vivió en la verdad y por creer en ella recibió varias balas en su cuerpo, la tarde del 24 de marzo de ese mismo año, en la capilla del hospital de la Divina Providencia, El Salvador.
Parmenio Medina. Costa Rica no olvida a aquel hombre colombiano, amante de su patria y la nuestra, amante de la radio y la verdad hecha comedia. A Parmenio Medina Pérez lo amenazaron, pero nunca cedió. Creyó en la verdad. Su final: acribillado con balas hace poco más de seis años. Se aferró a lo que él consideraba era la verdad y la verdad salió a la luz.
Lastimosamente hoy ni nos inmutamos cuando las personas que aman la verdad y se animan a decirla pagan el precio con la vida. Hemos dejado de ser sensibles ante el dolor humano, pero aún más ante una sociedad que prefiere callar cuando otros mueren por vivir la verdad. Esto porque no es cuestión de sentimientos, sino de decisión que debemos asirnos de ella como uno de los fundamentos morales para conducirnos por la vida. Para vivir en la verdad se necesita valor, confianza, creer en ella misma porque traerá un cambio, defenderla por amor a los demás, coraje, respeto y libertad.
¿Cuántos de nosotros vivimos siempre la verdad como uno de nuestros fundamentos? Esto implica desde no mentir, devolver el dinero extra por el pago de un producto en un almacén, hasta no tener miedo por decir la verdad aunque ella nos perjudique o nos cueste la vida. Todos ellos y ellas que decidieron tomar fuerzas para vivir la verdad a pesar de su final, son hoy recordados por su valentía, no por su deceso. Porque entendían que la verdad los hacía ser libres.

Sergio López Murillo
Periodista
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Cédula 1-1122-0280