Enviar
Martes 4 Enero, 2011

La involución natural

Transcurría el año 1859 cuando Charles Darwin publicó su obra magistral, El Origen de las Especies. En ella exponía con detalle su Teoría de Evolución por Selección Natural, la que hoy en día ha sido adaptada con base en los conocimientos biológicos actuales. En forma resumida, esta propuesta postula que las características de una población se heredan de forma aleatoria, y que las propiedades más adaptativas en un medio específico les permiten a los individuos que las poseen persistir en el tiempo y eventualmente predominar en un determinado grupo de especies.
El hecho ocurrido durante la semana pasada a un colega residente de cirugía al que conozco personalmente, quien fuera atacado y herido gravemente por un grupo de asaltantes, además de la mayor indignación imaginable, supone el plantearse una serie de interrogantes: ¿es posible que, dada la situación de inseguridad nacional y de deterioro de valores, una persona de bien, trabajadora, honrada e íntegra moralmente, productiva para la sociedad, pueda estar siendo desplazada por sujetos con una serie de características no deseables?, ¿son este último grupo los que se estarían perpetuando en nuestro medio?, ¿es la imposición uno de los mecanismos para alcanzarla?, en términos coloquiales ¿los malos les están ganando la batalla a los buenos?
En algunos barrios desfavorecidos de Bogotá, Colombia (y me imagino que en otros países de Latinoamérica), se está dando un fenómeno que confirma en alguna medida estas suposiciones: investigadores sociales han descrito que en esos ambientes existe una competencia entre las mujeres jóvenes por intimar y hacerse embarazar por el matón de la cuadra, por el jefe de la pandilla, por el más violento de todos o por el que más droga trafica, con lo que, según suponen, adquieren seguridad y a la vez logran transmitirle esas mismas características de adaptación al medio a su descendencia; de esta forma aseguran la supervivencia. Lo más grave de esto es que en efecto, existe evidencia de que el potencial adictivo y el temperamento son características heredables, además de que el modelaje negativo puede tener importantes repercusiones a largo plazo en los niños y las niñas.
En ambos ejemplos ocurre, desde una perspectiva social claro está, lo planteado por Darwin: ciertas características que en un momento permitieron desplazar a otros individuos son las que se preservan en la especie. Esto solo puede ocurrir si un determinado medio (en este caso nuestra sociedad) faculta a sus miembros para que ese comportamiento sea adaptativo y no lo contrario (es decir, desadaptativo). Ese ambiente tiene por lo tanto, la influencia de diversos factores: desigualdad de oportunidades, desempleo, bajo nivel educativo, carencia de una adecuada estrategia de planificación familiar, todo lo que conduce finalmente hacia una brecha social cada vez más amplia; es posible además que de prolongarse este comportamiento en el tiempo, el conflicto social sea cada vez más grave, lo que quizás ocurrió durante la década de los noventas en Colombia y está sucediendo ahora en México.
Por esta razón, más que continuar realizando investigaciones sobre este fenómeno, urge que cada actor social se plantee la interrogante sobre las maneras en que contribuye a que la conducta violenta se perpetúe en nuestra sociedad, siendo conscientes que si bien ese comportamiento podría suponer en algunos escenarios la supervivencia, al fin y al cabo, es a través de la violencia que perdemos nuestra humanidad. Cuando pienso en mi país deseo imaginarme un ambiente donde se fomente y favorezca el trabajo, la honradez, la sana competencia, el estudio y la innovación. Donde estas características permitan una selección de individuos cada vez mejor preparados, es decir, una evolución hacia una sociedad que anteponga estos valores como sus principios irrenunciables. ¡Por lo tanto... alto a la involución!

Ricardo Millán González
Médico psiquiatra, profesor UCR