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Miércoles, 12 de diciembre de 2018



EDITORIAL


La gran tarea pendiente

| Miércoles 23 febrero, 2011




La criminalidad ha teñido de miedo la vida de los costarricenses y ha superado la capacidad de su gobiern

La gran tarea pendiente

Una serie de artículos de este medio han venido señalando la preocupación por la delincuencia y el crimen organizado. Algo que ha cambiado la vida de los costarricenses y que supera la capacidad del gobierno. Otros medios de comunicación señalan también esta dura realidad.
La alegría y satisfacción con que antes la gente salía a la calle a cumplir con sus tareas diarias de trabajo o estudio se han transmutado hoy en rostros que reflejan angustia y preocupación.
La tranquilidad y la paz con las cuales madres y padres enviaban a sus hijos a la escuela se transformaron en miedo, en inseguridad. Nadie sabe si una desgracia puede acecharle en cualquier lugar.
Los desesperados de la sociedad se dedican a robar un celular, un bolso o una computadora para comprar un poco de comida o de drogas para olvidarse de comer.
Los que se dejan deslumbrar por el dinero fácil y rápido entran en la espiral hacia el infierno, donde todo el oro del mundo no les dará la alegría de vivir que perdieron.
Una serie de decisiones se toman ahora pensando en obtener a cambio una mínima cuota de esa seguridad que las autoridades deberían garantizar.
Hemos permitido que vaya tomando forma una Costa Rica que nadie desea. Hemos dejado que se produjeran cambios en el tejido social sin diseñar y poner en marcha estrategias que permitieran a las nuevas generaciones mantener viva la llama de la esperanza que se alimenta de saber que habrá buenas oportunidades de estudio e inserción laboral.
Una vida satisfactoria con acceso a buena educación y empleo digno no suele llevar al crimen y la delincuencia. Una sociedad bien organizada que cuenta con policía de alta calidad profesional está lista en cualquier momento para refrenar brotes de criminalidad. Pero nuestros gobiernos no se han dedicado a garantizarnos esto.
Aunque la población clama por estas cosas nadie parece escucharla. Sus voces no resuenan en los recintos donde se efectúan las reuniones en que se leen informes y sesudos estudios. Ahí parecieran tomarse únicamente decisiones para efectuar nuevos estudios que no se podrán aplicar porque no forman parte de ningún proyecto - país.
Y ahora, que la adversidad nos muestra el rostro de la maleza que hemos dejado crecer y crecer en nuestro jardín, no tenemos capacidad para limpiarla y sembrar huerta y frutales. Después de todo… esto requiere mucho sacrificio y trabajo.