Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 12 Octubre, 2016

Casos de apertura exitosa han sido el servicio de telefonía celular, el sistema bancario, el servicio de compra y venta de seguros, el monopolio de servicio aéreo internacional, y el de transporte de paquetes y documentos

La competencia es mejor

Cada vez que se desintegra uno de los monopolios costarricenses terminan mejor servidos los consumidores. Hay muchos ejemplos de aperturas exitosas; el último ha sido en el sector de transporte con la llegada de Uber. Con esta empresa se logró romper un esquema de décadas de clientelismo político involucrando los diferentes tipos de taxis —rojos, porteadores y piratas—.

Los taxistas rojos han querido presentarse como personas de origen humilde que con gran sacrificio adquirieron su vehículo y que lo trabajan personalmente de amanecer a atardecer para obtener el sustento de sus familias. Pero ni el pueblo ni los líderes gubernamentales “comen ese cuento”.
La verdad es que una proporción muy grande de los dueños de las placas opera uno o más vehículos bajo el sistema de arrendamiento. Una persona, que probablemente sí es “necesitada,” paga ¢15 mil o más diarios más la gasolina por el uso de un taxi rojo con placas y al final del día puede dejarse “todo lo que le queda” por la jornada.
Por acuerdo con el Gobierno los rojos no pueden haber cumplido más de diez años desde que salieron de la fábrica y tienen que estar en excelente estado mecánico y de confort. En cambio, les permiten cobrar cierto monto por kilómetro viajado medido por un taxímetro llamado coloquialmente “maría.”
Uber se autorreglamenta y cualquiera que lo haya usado tendrá que reconocer que la calidad del vehículo y del servicio es superior. Grupos importantes de los rojos han protestado, bloqueado, amenazado y en casos extremos dado paliza a algún chofer de Uber pero sin efecto. Otros han decidido competir, instalando un servicio manejado por una “app,” y con vehículos limpios y de buen precio; el futuro está con estos sin duda alguna.
Pronto se podrá decir que los usuarios de servicios de transporte por automóvil estarán mejor servidos y que el único rol del Estado en todo el sistema es el de buscar alguna manera de cobrar impuestos a los oferentes de los servicios. La “venta de placas” pasará al olvido y con esa “muerte anunciada” también fallece otro sistema más de corrupción debilitante del Estado.
Los “grupos del no” por lo visto viajan mucho en taxi y no se han metido a apoyar los “rojos” o a atacar a Uber; al principio algunos de ellos comenzaron a hablar de “la transnacional que venía a quitar lo poquito que tienen los taxistas nacionales” pero pronto se olvidaron.
Otros casos de apertura exitosa han sido el servicio de telefonía celular, el sistema bancario, el servicio de compra y venta de seguros, el monopolio de servicio aéreo internacional, y el de transporte de paquetes y documentos. En algunos, como el sistema bancario, los “grupos del no” pronosticaron un especie de “Armagedón” donde desaparecían todas las “conquistas sociales” de la Guerra de 1948. Pero ya se calmaron.
Hay otros monopolios que merecen desaparecer comenzando con Recope y extendiéndose a la producción de energía eléctrica. ¡Hay que tener paciencia!
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