Edgar Gutierrez V.
Economista
Quienes tuvimos el privilegio de contar como profesor al reconocido economista Dr. Francisco de Paula Gutiérrez —en paz descanse— recordamos con admiración sus clases magistrales, donde no faltaba la célebre frase de la “pomada canaria”: esa medicina infalible que, con fino humor, proponía como solución a todos los males.
El profesor Gutiérrez, a quien sus amigos de confianza llamaban cariñosamente “Guti”, dejó una profunda huella en la academia, el servicio público y el sector privado. Su legado es ejemplo de rigor técnico, ética profesional y un compromiso inquebrantable con el desarrollo económico de Costa Rica.
Tuve la dicha de compartir con Guti como estudiante en sus clases de economía en la UCR y el INCAE, así como en los seminarios de coyuntura macroeconómica promovidos por CEFSA. Siempre destacaba por su análisis certero del entorno político y económico, y por sus recomendaciones prácticas para enfrentar los desafíos fiscales, monetarios y estructurales.
Su imborrable sonrisa y su humor elegante hacían de cada intervención una experiencia memorable. Aquella famosa “pomada canaria” era su manera de recordarnos que, incluso en medio de la crisis, había salidas si se actuaba con inteligencia, valentía y visión.
Hoy más que nunca, necesitamos de esa sabiduría para afrontar los complejos desafíos que enfrenta Costa Rica.
La seguridad en nuestro país ha experimentado un deterioro alarmante. El auge del narcotráfico ha transformado a Costa Rica, antes uno de los países más seguros de Centroamérica, en un territorio golpeado por niveles de violencia que amenazan tanto la convivencia ciudadana como la reputación internacional.
Aunque el turismo registra ingresos récord, la creciente percepción de inseguridad pone en riesgo esta fuente vital de divisas y empleo. Se requiere una estrategia integral, sostenida y multisectorial para restaurar la paz y el orden.
En el ámbito económico, el crecimiento muestra señales claras de desaceleración. Durante el primer trimestre de 2025, la economía creció un 3,9%, por debajo del 4,6% del mismo periodo en 2024. La contracción en sectores clave como agricultura (–4,3%) —afectada por lluvias excesivas— y el estancamiento del sector hotelero y de restaurantes (+0,1% frente al 7,2% del año anterior), evidencian vulnerabilidades preocupantes.
En materia educativa, aunque contamos con una fuerza laboral relativamente educada, enfrentamos una desconexión creciente entre el sistema educativo y las necesidades del mercado laboral. La alta tasa de desempleo juvenil (22%) y la baja graduación en secundaria reflejan una urgente necesidad de reformar la educación técnica y profesional para responder a los desafíos de este siglo, como lo ha señalado la OCDE.
En lo fiscal, a pesar de los avances logrados —como la reducción de la deuda pública del 68% del PIB en 2021 al 60% en 2024—, persisten tensiones significativas. Se proyecta un déficit fiscal del 3,2% del PIB en 2025, mientras que el servicio de la deuda ya alcanza un oneroso 4,7% del PIB. Esta situación limita la capacidad del Estado para invertir en desarrollo y atender las necesidades más urgentes de la población.
A lo anterior se suman serias deficiencias en infraestructura: el 37% de las carreteras se encuentra en condiciones deficientes, y tanto los puertos como los aeropuertos requieren modernización urgente.
Estos cuellos de botella elevan los costos logísticos y reducen la competitividad nacional. Además, la alta dependencia de la energía hidroeléctrica nos expone a fenómenos climáticos extremos, por lo que urge diversificar la matriz energética y robustecer la resiliencia del sistema.
Es evidente que el país enfrenta una encrucijada. La desaceleración económica, el desempleo estructural, la inseguridad creciente, las tensiones fiscales, la debilidad en infraestructura y la persistente desigualdad exigen una respuesta decidida.
No bastan medidas aisladas ni soluciones de corto plazo. Requiere una auténtica "pomada canaria" al estilo de Guti: una fórmula que combine voluntad política, acuerdos nacionales y reformas estructurales profundas.
Costa Rica necesita frotarse con esa medicina visionaria y pragmática que tanto promovía Guti, para que los diferentes poderes de la República —junto con la sociedad civil y el sector privado— emprendan una agenda transformadora. Solo así podremos construir un futuro de desarrollo económico sostenible, inclusivo y en paz.





































