Centro urbano de Pekín hace unos días. Foto Sergi Lara
El 20.⁰ Comité Central del Partido Comunista de China inició el pasado lunes 20 de octubre su cuarta sesión plenaria en la que el presidente Xi Jinping presentó un informe de trabajo en nombre del Buró Político para explicar las propuestas preliminares en la elaboración del Plan Quinquenal número 15 que debe cubrir el período 2026-2030. Desde 1953, China ha elaborado 14 planes quinquenales para el desarrollo económico y social del país, los cuales han permitido en los últimos 70 años un crecimiento medio anual del Producto Interior Bruto de casi un 8%, pasando de ser una sociedad extremadamente pobre a una sociedad con ingresos per cápita superiores a los 13.000 dólares anuales. Asimismo, la industria manufacturera china representa hoy el 30% del valor agregado mundial con una potencia nacional global que se encuentra en la vanguardia del planeta. Solo con estos datos podemos entender la magnitud de las transformaciones que ha vivido China en las últimas décadas, un proceso sin precedentes que ya es calificado como el desarrollo más rápido de la historia humana.
Los planes quinquenales fueron a partir de la Segunda Guerra Mundial una manera muy eficaz para impulsar la industrialización en diversos lugares del mundo, si bien el socialismo chino ha acabado por perfeccionarlo para que el impacto en toda la población sea realmente efectivo, y con ello hacer que el país en su conjunto avance hacia la modernización de manera potente pero equilibrada. En este sentido, la clave para que durante tantas décadas se haya dado esta coordinación y este nivel de exigencia se ha debido sin duda al papel del Partido Comunista de China. Prueba de ello es que cualquier proyecto de desarrollo y de mejora de las condiciones de vida para la ciudadanía es de condición pública con el clásico apelativo de “popular”, como por ejemplo un Hospital Popular o los Correos Populares. El objetivo hasta el día de hoy ha sido consolidar un sistema industrial y económico de carácter nacional, que en la etapa más reciente de este siglo ha significado ejecutar un plan masivo de infraestructuras públicas que en poco más de dos décadas ha posicionado a la República Popular China como el país líder para la movilidad en todos los ámbitos.
Panorama hacia la zona de mayores rascacielos de Pekín construidos durante los últimos años. Foto Sergi Lara
Para ilustrar el progreso chino a través de sus planes quinquenales, nada mejor que dar unos datos recientes sobre la construcción pública de infraestructuras realizada en los últimos 20 años. Por un lado, señalar los 160.000 kilómetros de autopistas construidas, a un ritmo medio de 8.000 kilómetros al año. Por otro lado, señalar los 50.000 kilómetros de líneas de ferrocarril de alta velocidad construidas, que ya permiten el 100% de conexión entre poblaciones superiores al medio millón de habitantes. Esta radiografía nos muestra perfectamente la dimensión del fulgurante desarrollo chino, expresada igualmente en los objetivos del Plan Quinquenal número 14, con el cual se quiso acelerar aún más el esqueleto de la red de transporte tridimensional integral de China a través de 6 ejes, 7 corredores y 8 canales.
Un ejemplo reciente en China para vincular el desarrollo con grandes infraestructuras ha sido una obra inaugurada el 25 de septiembre de 2025, un puente colosal sobre el Cañón de Huajiang que, con sus 2.890 metros de longitud, sus 1.420 metros de diámetro principal y sus 625 metros de altura vertical representa el puente colgante de vigas de acero más grande del mundo dentro de un cañón montañoso, permitiendo así que un trayecto de dos horas se realice ahora en un minuto. Cuando analizo una obra de estas características pienso en los grandes territorios quebrados de América Latina, en países como Perú, Colombia o en la misma Costa Rica, donde puedo visualizar lo que supondría para el desarrollo y el progreso social, no únicamente en el plano de la dinamización económica, sino en el impacto impresionante en términos de gobernanza y extensión de la democracia popular.
Pero volviendo a la filosofía china moderna con sus planes quinquenales, también es importante entender que la planificación en este país no consiste solo en marcarse unos objetivos, sino en optimizar las condiciones y eliminar los “cuellos de botella”, algo que es posible lograr gracias a una fuerte capacidad de gobernanza nacional bajo el paraguas del Partido Comunista de China. Esta capacidad permite reformular objetivos y movilizar recursos, y con ello garantizar el cumplimiento de los planes en todo momento, adaptándose a los pequeños o grandes cambios que surjan en el camino. Un camino siempre con la vista puesta en el largo plazo que el Premio Nobel de Economía de 2003, Robert F. Engle, describió de esta manera en una cita que ya se ha convertido en todo un referente:
“Cuando China tiene un plan quinquenal para la próxima generación, Estados Unidos solo puede planificar las próximas elecciones”.
Interior del Aeropuerto Internacional Pekín-Daxing, uno de los más modernos y extensos del mundo, inaugurado en 2019 tras cinco años de obras. Foto Sergi Lara
El actual esquema de funcionamiento de los planes quinquenales chinos es un ejemplo único de diseño desde los niveles técnicos más altos para armonizarse con las necesidades reales de la ciudadanía, unión de ciencia moderna y democracia popular con una dirección centralizada que coordina todos los departamentos y niveles gubernamentales. A partir de una planificación local, sectorial y central, los expertos investigan, pero también escuchan las opiniones de todos los sectores sociales. Para este nuevo Plan Quinquenal número 15, ya se han acumulado varios miles de sugerencias a través de los canales de comunicación que el Gobierno chino ha puesto a disposición de la ciudadanía, si bien está claro que por otro lado hay una exigencia importante relacionada con los contextos externos o geopolíticos.
El Plan Quinquenal es ante todo un mecanismo de mercado, de utilización de la información y de asignación de recursos con orientación macroeconómica dentro de la economía de mercado socialista. Sin embargo, actualmente China puede combinar orgánicamente la racionalidad micro del mercado con la racionalidad macro planificada. Además de incentivar la competitividad de las empresas chinas, también se garantiza la consolidación de un ecosistema favorable. La búsqueda del equilibrio entre lo micro y lo macro es una demostración de esa mentalidad tan china que pervive desde hace miles de años. Es por todo lo dicho que el Plan Quinquenal número 15 es tan importante, pues por primera vez se habla de una gobernanza global en todo el planeta bajo el liderazgo chino que ya casi nadie discute.
Sede de la Televisión Central de China en Pekín, edificio de 234 metros de altura construido entre 2004 y 2008, todo un símbolo de la China del siglo XXI. Foto Sergi Lara





































