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Jueves 15 Febrero, 2018

La carrera entre “los Alvarado”

En política, no hay recetas para ganar una campaña, pero hay elementos que son permanentes, uno de estos es la necesidad de conquistar la voluntad del votante. En este breve artículo, puntualizaremos dos estrategias que nos parecieron notorias en “los Alvarado”, que entraron a segunda ronda; asimismo, analizaremos los puntos de vista hacia donde podrían reacomodar el rumbo y comentaremos la “inevitable” necesidad de mostrarse como polos opuestos.


El juego

Ante la opinión consultativa emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el tema de matrimonio igualitario, Fabricio Alvarado de Restauración Nacional de golpe rivaliza y lo utiliza para posicionarse como una figura central en el tema de la defensa de la familia tradicional.

Su estrategia fue reforzar, en el imaginario del votante, el mensaje de que hay un enemigo llamado “ideología de género”. Este, según él, se encuentra fuera del seno familiar, vino para destruirla y hay que atacarlo. Pero si de enemigos de la familia se tratase, existen enormes desafíos en ella, como la violencia doméstica, el incesto, el abandono, la infidelidad, el materialismo y los rencores familiares, dinámicas de las que las parejas del mismo sexo no estarían exentas. Por lo que, si el candidato continuara con el tema de la familia y sus valores, convendría discutir propuestas de cómo atacar la violencia doméstica, frenar los feminicidios, abordar los conceptos de nuevas masculinidades, entre muchos.

En el caso de Carlos Alvarado del Partido Acción Ciudadana, “la adaptación” a los diferentes escenarios político-electorales que surgieron fue su estrategia más notoria para entrar en la segunda ronda. Su precampaña arrancó con un mensaje en defensa de la administración Solís, presentándose casi como el “vocero” del Presidente. Nos hablaba de proteger y profundizar el “cambio”. En uno de sus spots, lo vimos en el puente de la platina, recordándonos lo que consideraba un gran logro. Sin embargo, a medida que tomó fuerza el caso del “cementazo”, optó por evidenciarse más crítico hacia el gobierno y otros involucrados, e intentó salir de la sombra del mandatario para decirnos: “una cosa es lo que Luis Guillermo hizo y otra cosa es lo que yo haré”. Ante la resolución de la Corte, y conforme pasaron los días, logra posicionarse como un aspirante diferente entre los demás en el tema del matrimonio igualitario y derechos humanos.

Ahora, a la luz de los resultados obtenidos para diputados y presidente y, a pesar de que acuerpa una agenda de derechos humanos en conjunto con otras propuestas programáticas, no parece ser suficiente para amasar una fuerza política que le permita ganar. Por tanto, esto lo condiciona a amalgamar y fusionar una alianza con integrantes de otras fuerzas políticas que participaron en campaña. Restauración Nacional tampoco escaparía de la misma necesidad.


Pulso de voluntades

Entre los Alvarado, percibimos dos polos de distribución o de intensidad, donde se intentan presentar como dos opciones antagónicas. Esta dinámica tan común en la política como en la vida, la vemos cuando se “pone a escoger” entre lo “bueno y malo” o entre “el vencedor y el vencido”. Nos recuerda una de las formas de comunicación política de la antigüedad: El mosaico de Issos, copia romana del año 325 a.C. en Pompeya, Italia. En él, vemos a Alejandro Magno en batalla contra el rey Darío de los persas. Del lado izquierdo, montado en su caballo y con la mirada fija en el líder persa se retrata a Alejandro. A Darío se le presenta del lado derecho en su carro de batalla. Su rostro tiene un aire de terror, las expresiones se descomponen, su cuerpo sugiere dar órdenes para huir, su mano se extiende como un gesto mudo, estático hacia Alejandro, y a su armada se le muestra en postura de retirada.
Para quienes en su tiempo le observaron, probablemente escogieron entre admirar al de la izquierda y rechazar al contrario; entre ir con el de mirada firme y corazón valiente o ir con el que demostraba consternación y derrota. La situación parece repetirse en esta segunda ronda, el votante, según sus convicciones, querrá ver a uno de los dos Alvarado como el héroe macedónico que triunfa en batalla.


Quo vadis?

Ingeniosas o no, las estrategias de los candidatos dieron frutos. Queda la expectativa de hacia dónde enrumba cada uno en su barco, y cómo reinterpretan y posicionan el mensaje que está en la calle. De no lograrse esa básica tarea, el votante quedaría en la posición del ‘burro de Buridán’, el cual moriría de hambre por ponérsele la comida y el agua a la misma distancia, sin poder él moverse en ninguna dirección.


Por Marlon Segura y Diego Fallas


Sobre los autores del artículo:

Marlon Segura, director escénico, analista y coach no verbal - Universidad de Costa Rica - Kansas, Ecole Jacques Lecoq, París. Diego Fallas, politólogo- Universidad de Costa Rica, técnico en administración de empresas - Instituto Tecnológico de Costa Rica.
Edición: Margarita Chaves- Universidad de Costa Rica. Édgar Carillo Mans.