Enviar
Jueves 1 Mayo, 2008

Isla del Coco, ficción o realidad


Desde que la Isla del Coco fue descubierta en 1526 por el navegante español Juan Cabezas, es considerada como un santuario natural, por su gran riqueza de flora y fauna.
Se ubica en el Océano Pacífico a 532 kilómetros de Cabo Blanco en Costa Rica, con dirección suroeste del territorio nacional entre los paralelos latitud N 5’ 30” Y 5’ 34” y los meridianos 0.687’ 1” y 87’ 6”. Fue creado por Decreto Ejecutivo No. 8748-A, del 22 de junio de 1978. Tiene una extensión de 2.400 hectáreas en la parte terrestre y 97.235 en la parte marina.
Este santuario natural fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1997 y humedal con importancia internacional en virtud de la convención Ramsar de 1998. Entre sus peculiaridades destaca el hecho de ser la única parte de la Placa Tectónica de Cocos que aflora de la cadena de volcanes submarinos que se extiende desde las islas Galápagos hasta la fosa Mesoamericana en el sector sureste de Costa Rica.
La Isla del Coco es un territorio de gran riqueza paisajística, es un bien natural que representa una evolución biológica y un verdadero laboratorio para los estudios de la naturaleza. Abundan los helechos, las bromelias, los ríos, quebradas y cascadas; los valles, los acantilados y los islotes, frecuentados por infinidad de aves marinas. En sus aguas abundan los tiburones de aleta blanca, los gigantes tiburones martillo, los atunes, los peces loro, las mantas y los jureles.
Su mar azul turquesa es de extraordinaria transparencia, la topografía muy quebrada, lo que da lugar a la formación de muchas cascadas, algunas de las cuales caen espectacularmente al mar, desde gran altura, la costa es muy ondulada, tiene acantilados de hasta 183 metros de altura e infinidad de cuevas submarinas.
Según las leyendas, durante los siglos XVII y XVIII fue refugio de piratas y corsarios que florecieron a lo largo de las costas del Pacífico de la América Española, porque se cree, que se escondieron valiosos tesoros como el de Lima, consistente en toneladas de lingotes de oro y plata, láminas de oro que cubrían cúpulas de las iglesias; el tesoro de William Davies que fue ocultado en 1684 y el de Benito “Espada Sangrienta” Bonito en 1819.
Esta isla rodeada de misterio, por conjeturas de un tesoro perdido, es considerada un laboratorio natural para el estudio de la evolución de las especies. Es extremadamente lluviosa, unos 7.000 mm por año, y está cubierta de un bosque siempre verde, el cual presenta condición nubosa en el Cerro Iglesias, a 634 metros sobre el nivel del mar.
Finalmente, la Isla del Coco posee enormes riquezas que hay que proteger, con la finalidad de perpetuar los procesos ecológicos. Esta herencia natural tiene gran valor universal y es un ejemplo de la evolución terrestre. No obstante, esta claro, que para el país posee un singular valor científico, ecológico, económico y político.


Luis Fernando Allen Forbes
Director Ejecutivo
Asociación Salvemos el Río Pacuare