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Integración se queda corta ante crisis energética

Buenos Aires
EFE

La integración suramericana a partir del Mercosur y otros bloques se ha quedado corta en la respuesta a la crisis energética que sufren varios países de una región que, paradójicamente, tiene grandes reservas de petróleo y gas.
En medio del aumento del precio internacional del crudo, se ha dejado de lado el proyecto del “anillo energético”, como se llamó en 2006 a una red de gasoductos para abastecer desde Perú y Bolivia al resto del Cono Sur.

Tampoco hay avances en el “Gasoducto del Sur”, una faraónica obra impulsada por Venezuela para unir sus yacimientos con los mercados de Argentina y Uruguay pasando por Brasil, países que junto con Paraguay integran el Mercosur, bloque que la próxima semana celebrará su cumbre semestral.
Brasil, donde ese proyecto quedó en segundo plano, amplió sustancialmente sus reservas de crudo, apunta a expandir sus gasoductos con copiosas inversiones y exporta parte de su electricidad a Argentina, que con Chile y Uruguay aparecen como los países con mayores problemas energéticos en la región.
Dentro de un racionamiento que empezó con la crisis de 2004, Argentina restringe sus exportaciones de gas a Chile, que se ha visto obligado a buscar alternativas y a acelerar un plan para cambiar su matriz energética.

En Uruguay rige un plan que restringe el uso de escaleras mecánicas y elevadores, además de gravar las tarifas por exceso en el consumo de electricidad, esto último al igual que en Argentina, donde también se corta el suministro de gas a industrias.
Argentina, cuya crisis se atribuye al crecimiento económico de los últimos años y regulaciones que mantienen las tarifas atrasadas, sufre por el incumplimiento de contratos de provisión de gas de Bolivia.
Los expertos calculan que la crisis energética, que las autoridades no admiten, le costará este año a Argentina unos $4.300 millones por la importación de electricidad, de combustibles sustitutos del gas y subsidios, entre otros gastos.
Algunos sostienen que los siete gasoductos inaugurados entre 1997 y 1999 entre Argentina y Chile a un costo de unos $2.000 millones se rigen por contratos que no tomaron en cuenta el aumento de la demanda por encima de las reservas de gas del proveedor.
Argentina pactó con Bolivia la compra de hasta 27 millones de metros cúbicos diarios de gas a partir de 2011, en un contrato con las mismas “debilidades” que los firmados entre argentinos y chilenos, advierte el especialista Fernando Navajas en un trabajo publicado por el Instituto de Integración Latinoamericana (Intal).
El experto argentino subraya que dicho contrato no tiene en cuenta “la gestión de contingencias relacionadas con una escasez de gas en Bolivia en algún momento del futuro”.
Bolivia, que nacionaliz
ó los hidrocarburos en 2006, envía a Brasil unos 30 millones de metros cúbicos de gas al día; de dos a tres millones a Argentina (de un máximo pactado de 7,7 millones) y destina de seis a siete millones a su propio mercado.
Según expertos, Bolivia necesita inversiones por $2.200 millones para aumentar sus reservas de gas, y el Gobierno de Evo Morales quiere renegociar el contrato con Argentina porque no podrá cumplir el aumento del suministro pactado para 2011.
Chile importa casi todo el crudo que consume y, además de sufrir por los precios y los recortes del suministro de gas argentino, se ha visto imposibilitado de comprar combustible a Bolivia o Perú, países con los que mantiene viejos conflictos limítrofes.
Michelle Bachelet, presidenta chilena, ha dicho que hace falta desarrollar fuentes de energía renovables (apunta a atender al menos el 15 pro ciento del consumo), entre otras medidas para que el país reduzca su dependencia energética de terceros.
Perú recibe ofertas de consorcios internacionales para construir un gasoducto a un coste de $1.200 millones con el fin de distribuir el gas de los yacimientos de Camisea, en el sur del país, donde estimulará la petroquímica y el cambio de la matriz energética.
Venezuela, por su parte, tiene acuerdos de cooperación para el desarrollo petrolero en Bolivia y Ecuador, y de provisión de fuel a Argentina, mientras el presidente Hugo Chávez insiste en que el mundo debe acostumbrarse a los altos precios del crudo.
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