El odio, según el filósofo griego Plutarco, es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás. El odio genera odio, y nuevos grupos y enfoques de odio, como Incel.
Los inceles son en su mayoría hombres violentos y que incitan a la violencia de género, porque creen que las mujeres son la causa de la mayoría de los males sociales y que usan su poder sexual para dominar socialmente a los masculinos. En su forma básica, el concepto describe a hombres que se sienten frustrados por falta de experiencias sexuales, debido a que no fueron seleccionados por mujeres.
Estos obtusos se encuentran presentes en las comunidades virtuales transmitiendo una cultura propia para difundir su misoginia e intentar convencer que las mujeres no necesitan más leyes que les protejan o brinden igualdad, porque les resta derechos a los hombres.
Pero no crean que esta comunidad de neandertales es reciente. Según relata algunas fuentes, su origen data del 1997, con el proyecto “Célibe Involuntario”, “involuntary celibate”, abreviado en inglés Incel, que surge como una manera de unir a personas que experimentaban soledad y carencia de apoyo social, debido a la ausencia de relaciones de pareja. Sin embargo, la idea mutó al concepto de que el amor y la satisfacción sexual son bienes dominados por las mujeres, y que lo otorgan o lo niegan, para ejercer control, por lo tanto, hay que vengarse de ellas.
En las discusiones de inceles, se propone la inversión de la equidad de género, con soluciones que implican alguna forma de coerción, violación o un retorno completo y forzado a una estricta sociedad y gobierno patriarcal.
Un artículo de MIT Tecnologhy Review, titulado “Los humanos y la tecnología: La “manosfera” se está volviendo más tóxica a medida que hombres enojados se unen a los incels”, afirma que los misóginos menos extremistas se están acercando a grupos que promueven la violencia contra las mujeres. La eliminación de leyes de igualdad, de ministerios de la mujer y del concepto de femicidio, son foco de ataques constantes en la denominada “manoesfera” (comunidades en línea que promueven la misoginia, los estigmas de género y la cultura del odio).
La revista de MIT hace referencia a un informe del Departamento de Seguridad Pública de Texas que concluye que los inceles “representan una amenaza emergente de terrorismo doméstico, ya que sus seguidores actuales manifiestan actos o amenazas de violencia evidentes para promover su agravio social”.
Un reportaje de CNN menciona cuatro ataques producidos por autodenominados inceles, como el de Elliot Rodger, California, 2014, que asesinó a seis personas, hirió a más de doce, y luego se quitó la vida. En 2018, Alek Minassian, produjo varios atropellos con un vehículo en Canadá, matando a once (nueve mujeres) e hiriendo a quince. Otro hombre, en el 2018 atacó un estudio de yoga en Tallahassee, Florida, matando a dos mujeres e hiriendo a otras cuatro antes de dispararse a sí mismo; y el del tiroteo en Plymouth, Inglaterra, en el 2021, causante de la muerte de cinco personas.
Varios estudios publicados en revistas académicas como Evolutionary Psychology Science, Journal of Sexual Medicine y Current Psychiatry Reports, que encuestaron a personas que se describían como “inceles”, descubrieron que la mayoría tenían un diagnóstico clínico de depresión grave o moderada y de ansiedad grave, propensos a experimentar mayores tasas de depresión, paranoia y pensamientos negativos sobre sus relaciones con los demás.
Coinciden los estudios, en que existen varios factores que unen a las comunidades Incel, como la noción de que las mujeres son demasiado selectivas sexualmente y utilizan sus privilegios y su sexualidad para el ascenso social por encima de todo, además de mostrar una evidente aversión al feminismo, “…dado que fue el feminismo el que promovió y animó a las mujeres a tener un merecido derecho a la agencia sexual”.
Los inceles están desparramados en todo el mundo, incluyendo Costa Rica. Aquí están atacando a funcionarias, ex funcionarias públicas y a feministas, algunos escondidos detrás de troles, nombres falsos, otros, la minoría, abiertamente desafiantes, con nombres y apellidos verificables, que intentan desacreditar el trabajo y la posición de mujeres que apoyan la igualdad de género y luchan por la equidad.
Los contenidos en redes sociales de estos grupos, o de personas con características de inceles, no deben ser compartidos. Si bien es cierto que es necesaria la tolerancia hacia pensamientos y acciones en las cuales no creemos, jamás puede apoyarse que personas y grupos quieran imponer su criterio con mentiras, burlas, tergiversación de hechos, difamación y violencia. “Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la violencia, nada construyen, porque sus simientes son de odio”, José Martí.





































