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Debe estudiarse la labor de cada funcionario público para detectar los que constituyen un problema y separarlos del resto. Es ahí donde debe iniciarse una nueva forma de administrar que genere confianza en los contribuyentes gracias al buen uso de sus dineros


Han fallado los controles

Mientras Costa Rica se enfrenta a un déficit fiscal que mantiene muy preocupados al gobierno y a los habitantes, la sensación de enojo de la ciudadanía aumenta al ver que estamos pagando $338 millones en préstamos que casi no se han usado, como lo recuerda una nota de este medio ayer.
Estos debieron utilizarse para diversos fines como reparación de caminos vecinales, prevención de la violencia y promoción de la inclusión social o el proyecto Limón Ciudad Puerto, entre otros.
La pregunta inevitable que siempre ha estado ahí pero cobra mayor fuerza y se extiende es ¿por qué?
La tendencia es achacar todo a la ineficiencia del sector público en general. Pero un análisis serio debe comenzar aceptando que este ha tenido mandos medios y altos jerarcas. Verdaderos responsables de que el sector esté así.
Seguir hablando del sector público como si fuera un ente surgido por generación espontánea y sin responsables de su buen desenvolvimiento es un error.
El propio jefe de fracción del PLN en la Asamblea Legislativa (partido político que gobernó durante los últimos ocho años), sugiere que podría ser que se hayan demorado las ejecuciones de los préstamos porque los salarios de los funcionarios a cargo doblan a veces los del sector público.
¿Quién supervisa el rendimiento de esas unidades ejecutoras? ¿No tienen jefes dichos funcionarios?
Aparentemente hay solo una respuesta a esto: la cadena de mandos no ha estado funcionando o ha funcionado para intereses espurios.
Esto es grave y se hace mediante el dinero de los contribuyentes. Debe cambiar sin demoras ni excusas de ningún tipo.
Ineficiencia estatal, trabas administrativas y hasta corrupción ha venido sufriendo Costa Rica desde hace ya muchos años y siempre se ha tratado de disculpar lo inexcusable mediante discursos políticos que no han hecho más que desatar las dudas en la población ante la incoherencia entre lo dicho y lo hecho.
Si no se toman medidas a fondo en esto, difícilmente se puedan lograr otros cambios por muy necesarios que sean y por mucho empeño que el actual gobierno ponga en ello.
Hay nuevos jerarcas y debemos palpar la convicción y la fuerza de los mismos para medir rendimiento de mandos medios y jefaturas.
Debe estudiarse y medirse la labor de cada funcionario público para detectar los que constituyen un problema y separarlos del resto, que probablemente están deseosos de trabajar y contribuir con buenas ideas incluso.
Es ahí donde debe iniciarse una nueva forma de administrar que genere confianza en los contribuyentes gracias al buen uso de sus dineros.
 

 

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