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Jueves 22 Noviembre, 2012

Una alianza opositora debe ser el punto de encuentro de un amplio movimiento social y político que conduzca al rescate moral y democrático de nuestro país


Hacia una convergencia opositora en 2014


La aritmética electoral en la Costa Rica de hoy está condicionada por cuatro factores principales: a) la desaparición de los grandes bloques partidarios del pasado; b) la aparición, sustituyéndoles, de un universo político fragmentado, caracterizado por la proliferación de partidos minoritarios (incluyendo al más grande de estos, el Partido Liberación Nacional); c) la apatía y la desafección ciudadana a las adhesiones partidarias y la formación de una mayoría de votantes “independientes” o “sin partido”; y d) la inexistencia de un bloque opositor cohesionado e ideológicamente armónico al predominio del PLN.
El contexto político nacional tiene otra característica. Los partidos, que en Costa Rica monopolizaban las tareas de articulación social, hoy tienen que vérselas con una enorme variedad de fuerzas organizadas las cuales, desde la sociedad civil, han logrado desplazarlos en esa función tradicional.
A los partidos políticos les cuesta competir con organizaciones, movimientos, sectores, gremios, poblaciones y otras entidades sociales, las cuales han copado, con creciente apoyo ciudadano, los espacios donde otrora aquellos eran dominantes.
Esta nueva configuración del mapa político es determinante en la construcción de convergencias opositoras y debe ser considerada como un asunto clave en cualquier esfuerzo que con ese propósito se realice. En ese marco, los partidos políticos, que según lo que dispone el Código Electoral son los únicos que pueden conformar coaliciones o bien fusionarse entre sí, deben buscar maneras idóneas de converger con tales entidades sociales y, junto con ellas, construir plataformas programáticas y consensos éticos que les permitan avanzar hacia una alianza electoral opositora claramente diferenciada del PLN.
Pero “construir una alianza opositora” se dice fácil y no lo es en absoluto. Más allá de los problemas de la llamada “carpintería” electoral, se encuentran otros mucho más complejos que tienen que ver con aspectos de orden ideológico y político. En un arco partidario que corre desde la izquierda neo-marxista hasta la derecha tradicional, y que cuenta con un “centro difuso” que constituye el conglomerado más amplio de la potencial alianza, llegar a acuerdos programáticos y definir visiones comunes sobre un proyecto de país mediamente armónico, será una proeza con pocos precedentes en la historia costarricense. Un historia donde el sistema político, al menos en su fase más contemporánea, fue diseñado para favorecer al bipartidismo e inhibir la formación de alianzas.
Por todo lo anterior debe haber claridad entre quienes favorecemos la “alianza”: la convergencia opositora hacia 2014 no puede ser un fin en sí misma, estar conformada solo por partidos políticos ni tener como único propósito derrotar al PLN. Por el contrario, debe ser el punto de encuentro de un amplio movimiento social y político que conduzca al rescate moral y democrático de nuestro país. No convendría a Costa Rica una convergencia indiscriminada, blandengue y laxa, basada en compromisos ambiguos o incapaz de perfilar un nuevo modelo de desarrollo solidario, justo y equitativo.
Al menos para quienes la auspiciamos desde el PAC, la convergencia también debe estar signada por la institucionalidad partidaria. En ese esfuerzo estamos y con esa visión avanzamos. Adentro y afuera, hay que unir para avanzar.

Luis Guillermo Solís Rivera
Precandidato Presidencial del PAC