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Algo hemos hecho mal como sociedad para obtener estos resultados en los adolescentes. Pero nada remediaremos solo con preocuparnos. Es necesario actuar. Debemos encontrar la solución con medidas a corto, mediano y largo plazo y no posponer más esta responsabilidad


Hace falta actuar y podemos hacerlo

Una de cada diez adolescentes costarricenses ha tenido un hijo, dice una nota de este medio ayer. Solo ese dato es sumamente preocupante, y no es lo único que debe inquietarnos seriamente en relación con los adolescentes.
A esa cifra de niñas que se embarazan en nuestro país, hay que agregar otro fenómeno que en algunos casos también las puede afectar, haciendo estragos —tanto a ellas como a ellos—, como son la anorexia y la bulimia.
Además, hoy lamentablemente hay que sumar a eso los casos de adolescentes de uno u otro sexo que se vuelven adictos al consumo de licor, drogas, o ambos.
Algo hemos hecho mal como sociedad, sin duda, para obtener estos resultados. Pero nada remediaremos solo con preocuparnos. Es necesario actuar. Debemos encontrar la solución con medidas a corto, mediano y largo plazo y no posponer más esta responsabilidad.
Para esto, lo primero es tener claras las causas que originaron el problema. Hemos sido los adultos y el modelo de sociedad que hemos construido lo que comenzó a originar los mencionados problemas que luego han ido en aumento.
Sin embargo tenemos buenos especialistas, expertos, y diferentes estudios hechos al respecto.
No necesitamos comenzar a investigar las causas de tan nefasta situación, solo basta con sacar de las gavetas los estudios ya hechos y convertirlos en insumos para que actúe la voluntad.
El tema debería estar en el interés de la clase política (candidatos a la presidencia incluidos) no solo por una cuestión de humanidad, que debe prevalecer, sino también por el importante impacto que estos fenómenos tienen sobre casi todas las actividades de la vida y la economía nacional.
Las niñas – madres rompen con el normal desarrollo de sus vidas, de sus familias, de sus entornos en general y los efectos de su nueva situación llegan a los centros educativos en donde estaban o seguirán estando en el mejor de los casos, a los centros de salud, entre otros.
Sin embargo, el otro lado del problema, es decir, la pareja de esas niñas, responsables también del embarazo, en su mayoría son ya adultos, a pesar de lo cual en muy pocos casos pareciera que asumen la responsabilidad de sus actos.
Esto sin entrar a considerar la irregularidad que implican las relaciones de un adulto con una niña.
En fin, un tema candente al que no puede seguir dándole la espalda la ciudadanía y los responsables del modelo social que lo origina.

 

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