Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 10 Octubre, 2007

Hablando claro

Vilma Ibarra

Empiezo por el final. Confío en que las reacciones perturbadoras de quienes en estos tres días han pretendido desconocer el resultado electoral, cerrar puertas a imperiosas negociaciones y derribar los puentes del acercamiento para el reencuentro y la tolerancia, sean el reflejo inmediato de emociones humanas como la impotencia y la frustración que genera la derrota.
La gente del NO logró crecer gradualmente hasta poner en la encrucijada a la gente del SI. La gente del NO llegó entonces a convencerse de que podría ganar y los del SI empezaron a asimilar el hecho de que podían perder. En la esencia del juego democrático, hay claridad en las reglas e incertidumbre en los resultados. Cualquier cosa entonces podía pasar el domingo.

Que finalmente ganara el SI y perdiera el NO es el resultado de muchos factores. ¿Que el juego no fue perfecto? Definitivamente. ¿Que la cancha estuvo desnivelada? Ciertamente. ¿Que hubo grandes mentiras y muchas manipulaciones? Es verdad de Perogrullo en política. ¿Que el resultado no sea entonces legítimo? Eso sí que es inaceptable.
Nuestra primera experiencia de participación democrática directa nos debe servir para recordar aspectos básicos de la democracia. El primero de ellos, que la democracia no resuelve todos los problemas. El segundo, que la democracia es por definición antagónica, que no se nutre en la armonía de los consensos sino en medio de los disensos. Y tercero, que no resulta sano forjarnos expectativas irreales; sobredimensionadas sobre la democracia.
Ciertamente la democracia no es solo un procedimiento; un conjunto de reglas, sino que va mucho allá y tenemos la obligación de moldearla, de redefinirla constantemente para que responda a las necesidades que marca la exigencia social. Es decir, potenciar la vivencia democrática; no aniquilarla ni sustituirla.

En Suiza, el referéndum tiene siglo y medio de existencia. Dicen que ha ido madurando “poquito a poco” y se ha vuelto cada vez más sofisticado. Pero por increíble que parezca también afirman que ha retrocedido en algunos casos. Los suizos además se autocritican porque, aunque tienen una idea clara de la democracia, sus conocimientos de política son muy pobres y su voluntad de participar de manera práctica en la democracia es muy débil.
Pero además, cuestiones centrales siguen siendo objeto de su debate. Ellos se preguntan si hay justicia en el proceso político, si es correcto cómo se financia el proceso democrático directo, cómo opera la honestidad en los argumentos utilizados en las campañas de referéndum y cuál debe ser el papel del gobierno en todo el proceso?
¿Y nosotros? Mejor dejemos de llorar sobre la leche derramada, pongamos manos a la obra para mejorar todo lo que tenemos que mejorar en la ley del referéndum y su reglamento y empecemos cuanto antes el proceso de negociación que necesitamos, simplemente porque no nos queda otro camino. Eso, si lo que queremos es realmente fortalecer la democracia.