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Gobiernos con sensibilidad

La llegada de Cristina Fernández a la presidencia de Argentina marca un cambio en la distribución del poder que, paulatinamente, va experimentando el mundo y recientemente Latinoamérica.
Ya sea por un saldo de deudas con la igualdad, por casualidad o porque finalmente ya no importa el género sino la capacidad, los votantes parecen estar buscando una diferencia en la forma en que se gobierna en sus países.
Primero fue la presidenta chilena Michelle Bachelet, ahora es Fernández y en 2008 Hillary Rodham Clinton podría llegar a marcar una diferencia en el empoderamiento femenino.
Un concepto que aún puede ser relativo si se toma en consideración que de los 192 miembros de Naciones Unidas, solo 12 naciones son gobernadas por mujeres.
En julio pasado la abogada Pratibha Patil, de 72 años, se convirtió en la presidenta de India y en noviembre de 2005 Angela Merkel llegó a ocupar la cabeza de la Cancillería alemana, puesto en el que desde entonces ha marcado su huella incluso en la política de la Unión Europea.
Además de Fernández, Bachelet, Patil y Merkel también son ahora jefas de Estado la católica irlandesa Mary McAleese, la socialdemócrata finlandesa Tarja Halonen, la economista liberiana Ellen Johnson Sirleaf, la abogada filipina Gloria Arroyo Macapagal y la psicóloga letona Vaira Vike-Freiberga.
Completan el plantel las primeras ministras de Nueva Zelanda, la laborista Helen Clark, y de Mozambique, la economista Luisa Diogo.
Hay que sumar la ministra suiza de Asuntos Exteriores y vicepresidenta, Micheline Calmy-Rey, cuyo cargo de presidenta del país helvético es rotatorio entre los miembros del Gobierno federal colegiado y solo dura un año, con lo que expira a finales de 2007.
Anteriormente el mundo fue testigo de la época que marcaron figuras como Indira Gandhi, Golda Meir y Margaret Thatcher.
Ya sea con una mayor sensibilidad, un sentido maternal o por tener una visión más realista o natural de la humanidad, estas dirigentes se están convirtiendo en la segunda generación de mujeres “de poder”.
Esta fórmula de depositar el poder en la capacidad femenina, parece estar convenciendo a los electores y podría desencadenar mañana una tercera ola de autoridades en la que para entonces posiblemente sea más natural que ellas tengan el poder. Como en muchas ocasiones se ha dicho: la tercera es la vencida.
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