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Jueves 7 Noviembre, 2013

Los costarricenses no merecen agendas paralelas. Merecen una agenda que impulse la competitividad, pero no a expensas del pueblo


Gobiernos: Agendas paralelas


Todo extremo es malo. Dependiendo de la corriente ideológica con la que más se identifique, un economista podría, a mi parecer, plantear argumentos tan indefendibles como el comunismo extremo, o el capitalismo que obvia el hecho de que la economía es una ciencia social y los países están conformados por seres humanos y no solo por empresas de paredes sólidas.
No es novedad para los costarricenses que el Gobierno ceda a las presiones empresariales, ahorita mismo se están cuestionando el rebajar sus tarifas de electricidad y distribuir esos subsidios a las empresas, entre la tarifa eléctrica de su casa y la mía.
El músculo empresarial en Costa Rica es altamente respaldado por la clase política; pero esto no debería sorprender a nadie, muchos políticos costarricenses son dueños o socios de empresas que manejan muchos millones de dólares; ni tontos que fueran al no defender sus propios intereses revistiendo sus posiciones políticas de intenciones supuestamente altruistas y según ellos libres de conflictos de interés.
Definitivamente no soy una persona pro-huelga, pero apoyo los paros con sentido.
Los segundos y terceros años de las administraciones gubernamentales tienen los picos de marchas públicas en medio del sol y la lluvia que hace el pueblo hacia Casa Presidencial y la Asamblea Legislativa; pero tras bambalinas y acompañados de finas carnes y vinos antiguos, la clase empresarial tiene reuniones siempre oportunas con quienes necesiten discutir su propia agenda.
Como financista en el sector privado, llevo años ocupándome de mejorar la rentabilidad y solidez de las empresas y sus diferentes proyectos; en esta esfera las finanzas son inseparables de una estrategia corporativa transversal evaluada cuidadosamente.
Como economista, nunca podría pensar en cuentas nacionales, obviando los indicadores sociales.
Todos queremos estar mejor. El ciudadano “común” no quiere abonar todos sus salarios a sus deudas en tarjetas de crédito, más bien quisiera que le alcanzara para ahorrar.
El asalariado, en el fondo no está molesto realmente con sus cargas sociales y su impuesto sobre la renta, sino porque no se mejora tangiblemente la recaudación de quienes mejores oportunidades tienen y al tiempo son mucho más hábiles para evadir sus compromisos fiscales.
El importador, usted y yo, comprendemos que el riesgo cambiario es propio de cualquier economía abierta, lo que no concebimos es el porqué en nuestro país se da tratamiento especial a los exportadores a expensas de la mayoría de ciudadanos.
Costa Rica ofrece muchas ventajas políticas, sociales, económicas, culturales que nos hacen atractivos ante lo ojos de las transnacionales. No quiero que me malinterpreten, la brecha con respecto a otros países que también compiten por desviar hacia su territorio esas inversiones tan valiosas: aún existe.
Lo que no me parece justo para nuestra gente es que el tratamiento sea tan desequilibrado y sigamos teniendo Gobiernos que planean continuar beneficiando a los mismos de siempre y afectando a los mismos de siempre.
Los costarricenses no merecen agendas paralelas. Merecen una agenda que impulse la competitividad, pero no a expensas del pueblo.

Alejandra Esquivel
Gerente GEFISA
[email protected]