Gobernar es jugar ajedrez
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La política como el ajedrez el deporte más estratégico es un arte y en ambos la única excusa que da validez es el éxito
Conformar un gabinete de gobierno requiere de gran pericia política. Es la prueba madre de quien asume la legitimidad del ejercicio del poder, es seleccionar personas con especiales capacidades.
Quien no conoce la buena política nunca jugó una partida de ajedrez. Guiar e inspirar obliga a reconocer las funciones de cada figura del ajedrez, es requisito oportuno del líder ejercitado y avezado en las dificultades propias de su cargo. En el ajedrez quien inicia el juego tiene la oportunidad de llevar el orden de la estrategia, siempre y cuando logre prever las sorpresas del adversario y se prepare para un oportuno y sigiloso contraataque.
Quien preside una nación juega ajedrez. Debe verse y sentirse como la figura del Rey, la cabeza del gabinete, sus pasos son cortos, pero con una extraordinaria velocidad mental. Al Rey los demás lo protegen, siempre y cuando de él reciban inspiración. A su lado está la Dama —Reina— que es su Ministro de la Presidencia, que requiere liderazgo de equipo para una gran movilidad.
El Presidente debe tener Alfiles —nombre derivado del marfil— muestra de experiencia y conocimiento de los “colmilludos”, son los políticos más avezados, siempre oportunos para los sabios consejos y decisiones. Sus movimientos son transversales y les permiten orientar y visualizar grandes líneas de acción, son el símil de los ministros.
No menos importantes son las Torres, actores con conocimiento técnico, sus movimientos rectilíneos les limitan y obligan a hacer “enroques” entre la administración y la política. Dirigen instituciones que requieren pericia política y conocimiento técnico a la vez. Son los presidentes ejecutivos y gerentes. Los resultados hacen de las Torres murallas nacionales.
Claves del ejército son los Caballos, que deben actuar sincronizados y exactos. En el arranque del juego se ubican entre los Alfiles —ministros— y las Torres —presidentes ejecutivos—, son sostén de una relación por su movilidad en dos líneas a la vez, su paralelismo es con los Diputados. Un gobernante sin “caballería” en las arenas políticas del parlamento está destinado a un calvario.
Los Peones, muy sacrificados y maltratados, son fundamentales para el ajedrez político. Sus pasos son específicos y cortos, pero fundamentales para la primera línea que gobierna; se preparan y avanzan despacio pero pueden llegar a coronarse y transformarse en cualquier pieza del ajedrez que se quiera. En ocasiones menospreciados por quien dirige la partida, craso error, su símil los funcionarios públicos. Un buen jugador de ajedrez sufre hasta cuando pierde un peón.
La primera gran decisión de quien dirige el gobierno es la conformación y ubicación de sus piezas en gabinete. Si no tiene a los idóneos no podrá sostener una partida tan difícil como es hacer un buen gobierno, más cuando el Rey es capturado por la ineficiencia y el incumplimiento de metas y objetivos, que lo llevan a perder la partida.
La política como el ajedrez —el deporte más estratégico— es un arte y en ambos la única excusa que da validez es el éxito, la victoria, y la que condena es la dubitación. Karpov, excampeón del mundo, advirtió que “la amenaza de la derrota es más terrible que la derrota misma”.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo