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Jueves 12 Junio, 2014

Difícilmente el pontificado de Francisco logre el fin definitivo de las contiendas armadas, pero sin duda marcará el fin de la “justificación moral”


Francisco: “Nunca más la guerra”

La ceremonia fue macabra… Nunca antes se había “honrado” a los 20 mil civiles inocentes que murieron en los bombardeos aliados en la ciudad de Caen y el presidente francés —representando a los bombarderos— visitó el Memorial de los Mártires.
Dos días después, el 8 de junio el calor era sofocante pero cuando comenzó la oración conjunta, a las 19.00, corría una dulce brisa y la temperatura era agradable en los jardines vaticanos, entre los árboles y el olor a hierba. Un rabino comenzó las oraciones por la paz, seguidas de los rezos católicos y las plegarias musulmanas. Luego, el Papa tomó la palabra: “Gracias desde el fondo de mi corazón por haber aceptado mi invitación a venir para implorar a Dios, juntos, el don de la paz.” El Pontífice señaló que son “demasiadas las víctimas inocentes… Es deber nuestro lograr que su sacrificio no sea en vano. Que su memoria nos infunda el valor… (porque)… Para conseguir la paz, se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra”.
Los presidentes de Israel y de la Autoridad Nacional Palestina estaban allí invitados por el Papa durante su reciente viaje a Tierra Santa, para rezar en “mi casa” por la paz. “Señor, Dios de paz. Hemos intentado muchas veces y durante muchos años resolver nuestros conflictos con nuestras fuerzas, y también con nuestras armas… tantas vidas destrozadas; tantas esperanzas abatidas... en vano. Ahora, Señor… enséñanos Tú la paz… Abre nuestros ojos y nuestros corazones, y danos la valentía para decir: ‘¡Nunca más la guerra!”’
Dos días antes, se había realizado con un apretón de manos entre un soldado alemán y uno francés devenidos amigos —se acordaron tarde— la ceremonia por el 70 aniversario del desembarco de Normandía, con la presencia de los líderes mundiales. Una reconstrucción moderna de aquella “epopeya”, otro acto de la masiva propaganda oficialista, amplificada notoriamente por Hollywood, para hacernos creer que la Segunda Guerra Mundial (SGM) fue positiva, lo que de pequeño me creí, me deleitaba con series como “Combate”.
Luego decidí hacer un análisis racional. Lo primero que noté fue que el mapa pintado de negro por los nazis, antes de la guerra, era más pequeño que el rojo posterior.
Así fue que el presidente francés agradeció a la URSS —cuando creíamos que era un mal sueño olvidado— su papel en la guerra: el imperio creado por Stalin, con la imprescindible colaboración de los Aliados, era mayor que el Nazi y más terrorífico, asesinó a más de 30 millones.
La SGM, con más de 60 millones de muertos y daños materiales monstruosos, produjo una tiranía aun mayor que después fue derribada por gente de paz como Juan Pablo II, demostrando que las guerras, la violencia, jamás solucionan los problemas sino que los agravan.
Hitler hubiera caído con más facilidad que la URSS y con un costo inferior a la SGM. Por eso es que nunca antes habían “homenajeado” a estos 20 mil inocentes, porque uno solo de estos seres humanos era razón más que suficiente para condenar esta guerra.
En fin, como el hombre evoluciona por maduración y no por cambios radicales, difícilmente el pontificado de Francisco logre el fin definitivo de las contiendas armadas, pero sin duda marcará el fin de la “justificación moral” de la guerras que, en adelante, serán todas invariablemente vistas como actos gravemente ofensivos contra la humanidad, que “claman contra Dios”.

Alejandro A. Tagliavini

alextagliavini (@alextagliavini