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Miércoles, 16 de enero de 2019



NOTA DE TANO


Francisco “Chico” Hernández, un tremendo futbolista

Gaetano Pandolfo [email protected] | Jueves 10 enero, 2019

“Chico” fue un ídolo del saprissismo. Archivo/La República

¡Vieran el par de güilas que tiene el Saprissa ahí afuera!, les decían a los asistentes a los partidos dominicales en el Estadio Nacional.

Mientras el equipo grande del Saprissa cerraba su ciclo, iniciado en 1950 con su formación inolvidable, las canchas anexas al Estadio Nacional eran un hervidero de color morado, donde sus categorías menores hacían las delicias de los aficionados, supervisados por don Ricardo y sus asistentes técnicos.

Entre 1964 y 1967, ese par de mocosos que deslumbraban a los seguidores del Saprissa en las canchas abiertas, atravesaron la calle, se metieron al Estadio Nacional, se pusieron el uniforme del primer equipo y se convirtieron en luminarias de la institución.

Primero: Édgar “Guita” Marín y al rato Francisco “Chico” Hernández.

Se jugaba al 4-2-4; ya las tácticas habían eliminado a un delantero y Saprissa fue tricampeón nacional 1967-68-69 con ese par de “carajillos” dibujando diabluras por el ala derecha; Carlos y Gerardo Solano completaban el ataque.

Las paredes cortas que construían Chico y Marín eran un deleite para los espectadores y queda aquella imagen imborrable por repetida, de ver a Chico, cubriendo el balón frente a la bandera del tiro de esquina, con su “culillo” parado, con dos o tres defensas rivales encima y cómo se los “bailaba”, les hacía el túnel, la “jugada del tonto” y los dejaba botados, para luego entrar al área y servir en bandeja las anotaciones.

Sus tiros de esquina con “chanfle” eran letales: pequeño pero duro, de exquisita técnica, monarca a los 17 años, hexacampeón con el Saprissa del 72 al 77 y capitán de la Selección Olímpica en Moscú 80.

Fui su compañero de viaje en varios partidos de la Fraternidad, uno inolvidable a Guatemala, con don Adán García y Eduardo Ramírez como jefes de la delegación. Saprissa campeonizó y el fútbol exquisito de Chico Hernández era admirado y respetado en el área.

Tipo agradable, simpático y querido, su cuñado “Chente” Rodríguez, mi inolvidable compañero de bachillerato Ángeles 60, y quien fuera percusionista del famoso grupo Los Álamos, hizo, junto a sus hermanas, que tuviésemos una cierta cercanía con la familia de Chico, aparte de que mantuvimos una hermosa amistad con su hermano, Fernando “El Príncipe” Hernández, fallecido prematuramente.

A doña Marta, esposa de Francisco, a sus hijos y toda la familia Hernández Rodríguez, nuestras más sentidas condolencias.

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