He leído repetidamente el deseo de alguna de las agrupaciones políticas del país o de una coalición de partidos que buscan elegir una mayoría de 40 diputados en la próxima Asamblea Legislativa.
Desde que tengo memoria ese ha sido un objetivo de todos los diferentes partidos políticos que han existido desde 1871 a la fecha. Todos han buscado hacerse, a través del voto, de una rotunda mayoría para evitar con eso la oposición a sus deseos u objetivos políticos.
El ostentar una aplastante mayoría que le permita a una fracción modificar las leyes y hasta la constitución política sin siquiera escuchar a la oposición ha estado dentro de las legítimas aspiraciones de los partidos políticos costarricenses.
Muchos en el pasado han buscado hacerlo a través de una ruta lógica, como es el exponer un proyecto político congruente y posible que motive a los electores a votar por sus tesis y sus objetivos. Este cambio resulta positivo, razonable y constructivo siguiendo esta ruta. El pedir el voto en blanco, el pedir el voto por la bandera o los colores para hacer lo que les venga en gana no pareciera lógico ni conveniente a pesar de la popularidad del gran promotor de dicho movimiento. Esto no es asunto de solamente popularidad del “líder” o del “promotor” sino que es cuestión del examen de los propósitos buscados a través del voto.
¿Qué se busca hacer con esta super mayoría? Las mayorías son herramientas para materializar y transformar sueños en realidades. Las mayorías no son solamente para tener poder para cambiar las cosas sin decir, ni explicar qué se pretende, qué objetivos se persiguen o qué nueva realidad se busca alcanzar. ¿Cuáles son estos sueños? ¿Cuáles son estos objetivos?
Me parece loable, conveniente, lógico y razonable buscar elegir una super mayoría nunca antes alcanzada sino con alianzas, pactos y compromisos. La tesis de los últimos años ha sido no negociar, atacar, descalificar, y tan solo tratar de sobreponerse en lo grande y en lo pequeño a quienes adversan dichas tesis o ideas. Me parece conveniente siempre y cuando sepa el electorado, los ciudadanos en general, los propósitos de dicha mayoría y los aspectos constitucionales y legales que se desean renovar, derogar, y mejorar. ¿Para qué una super mayoría? ¿Por qué se pide el voto para elegirla si el país no conoce el proyecto político que se busca impulsar con 40 diputados que respalden el mismo?
El convocar a una asamblea constituyente para fundar un nuevo país sin dar a conocer qué país es ese que algunos sueñan, pero otros no nos lo imaginamos siquiera, no es razonable ni conveniente. Una constituyente es cosa muy seria, y esta afirmación no es simple o retórica. Una asamblea para fundar un nuevo país es cosa compleja y seria que debe hacer muchas distintas concesiones a diferentes grupos y no perder la congruencia ni su carácter sistémico.
Discutamos a partir del inicio de la campaña política con los candidatos a diputados y las papeletas presidenciales dichas propuestas y planes. Discutamos el país del futuro y las instituciones que habrán de reemplazar a las que el país tiene hoy, entonces y solo entonces quedarán justificados los 40 diputados que desean elegir.
No es sencillo, nada sencillo construir un país o destruir uno viejo e inútil a partir de cuarenta diputados de unos cinco millones de personas que piensan, sienten, trabajan y dependen de los cambios y de las mejoras. La elección de una super mayoría es la consecuencia de la adhesión del electorado a las propuestas políticas de cambio.





































