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Faltan 700

Clara Rojas y Consuelo González, retenidas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desde febrero de 2002 y setiembre de 2001, respectivamente, quedaron en libertad esta semana y después de años volvieron a abrazar a sus familiares y seres queridos.
La ex congresista González se reencontró con sus hijas y su nieta, quien nació en el periodo en que su abuelita estuvo prisionera.
Entre tanto Rojas, ex candidata a la vicepresidencia, se reunió con su madre y en los próximos días podrá estar al lado de su hijo Emmanuel, a quien tuvo en cautiverio junto con un guerrillero en 2004, y hoy se encuentra bajo la tutela del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.
Dichosamente, en adelante Clara y Consuelo se dedicarán a recuperar sus vidas, el tiempo perdido, a compensar la ausencia que posiblemente lamentaron a diario mientras fueron rehenes de las fuerzas armadas.
Aunque lamentablemente, mientras Consuelo estuvo en cautiverio, su esposo falleció de una afección cardiaca, sin posibilidad de despedirse.
Las de estas mujeres son las primeras liberaciones entre el grupo de más de 40 secuestrados que las FARC pretenden canjear por medio millar de guerrilleros presos como parte de un acuerdo humanitario.
En las selvas permanecen otros 44 rehenes, y en condición de secuestrados a manos de las FARC se calcula que están más de 700 personas. Lo que bien puede traducirse en 700 vidas interrumpidas, paralizadas, cercenadas y hasta violadas.
Una tarea que tanto las autoridades de Colombia como las mediadores en el proceso, tienen pendiente.
Sin duda alguna, los primeros que deben dejar de atribuirse la posibilidad de violar la libertad a otros seres humanos son los miembros de las fuerzas revolucionarias, pero ante el autismo de esta agrupación, son los gobernantes de turno los que deben insistir en buscar la vía más civilizada para devolverles la libertad a sus ciudadanos.
Los rehenes y sus familiares esperan, la liberación de esta semana quizás haya alimentado su optimismo por lo que quienes llevan el proceso tienen que redoblar esfuerzos.
Queda entonces mucho por hacer tanto para el presidente Alvaro Uribe como para su homólogo venezolano Hugo Chávez, quien ha adoptado el papel de mediador entre ambas partes.
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