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Viernes 3 Octubre, 2014

Debemos enfocar recursos y sinergias público-privadas que nos acerquen al país más próspero en el escenario económico mundial


¡Es China, estúpido!

Beijing.- Sin ánimos de ofender al lector, he adaptado la famosa frase de campaña que utilizó Bill Clinton para ganar las elecciones presidenciales estadounidenses en 1992, pues es corta, contundente y eficaz, como un balde de agua fría que necesitamos para despertar.  
Al celebrarse 65 años de la fundación de la República Popular China, y luego de siete años de relaciones diplomáticas, Costa Rica no ha definido una estrategia clara con quien se perfila como la primera megapotencia mundial.
¿Hacia dónde vamos? Al igual que Alicia en el país de las maravillas, Costa Rica no tiene un camino claro respecto a sus relaciones con el gigante asiático y aquí radica nuestra mayor debilidad y una latente amenaza. Si no sabemos hacia dónde vamos, cualquier camino es bueno.


China se ha convertido en uno de los principales cooperantes de nuestro país, en varios ámbitos como la cultura, la tecnología, las energías renovables, la educación y la cooperación financiera. Por ejemplo, centenares de jóvenes costarricenses hemos venido a China a estudiar, algunos nos quedamos trabajando o estudiando, pero la gran mayoría se devuelven.
El problema es que ese capital humano se diluye y se desperdicia al momento de volver, en vez de ser canalizado y aprovechado estratégicamente para ayudar a las empresas y al sector público a construir una posición más sólida a la hora de hacer negocios con este país.
Más allá de la cooperación —que considero una herramienta invaluable pero que puede crear una odiosa y peligrosa dependencia— Costa Rica no ha sabido definir una estrategia económica y comercial que nos permita capitalizar sobre las oportunidades que ofrece el mercado chino.
Promover una alianza estratégica. En América Latina tres países tienen una alianza estratégica con China: Brasil, Perú y recientemente México. Este instrumento daría una mayor ventaja a Costa Rica para el acceso al mercado y un posicionamiento más fuerte del país a nivel del inversionista y el turista chino.
Además, con las reformas económicas y financieras que se proponen en un corto y mediano plazo en China, Costa Rica debería visualizarse como un “yuan-hub” en América Latina. Pekín tiene el interés de convertir el renminbi en una moneda global, utilizada para el comercio transfronterizo y la inversión. Esto implicaría que hacer negocios con Costa Rica sería más fácil para las empresas chinas, pues no necesitan usar dólares u otras divisas internacionales, y esto fomentaría más el comercio y la inversión china en el país y en la región. Iniciativas como esta, ayudarían a que Costa Rica tome el liderazgo en América Latina y el Caribe.
Habrá quienes no consideren necesario un acercamiento más profundo con China, pero los que vivimos y experimentamos el crecimiento del dragón asiático, nos damos cuenta de que tenemos una oportunidad de oro que no debemos desperdiciar.
¡Es China, estúpido!
La curva de aprendizaje en nuestras relaciones con China nos puede estar costando caro, pero todavía estamos a tiempo de definir políticas que refuercen la posición de Costa Rica como su aliado geoestratégico más importante en Mesoamérica, trazando un camino claro para enfocar recursos y sinergias público-privadas que nos acerquen al país más próspero en el escenario económico mundial.
 

Sergio Rivero