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Errores que cuestan caro

La falta total de planificación, de infraestructura, regulación, controles y fuertes sanciones ante el incumplimiento, para el adecuado manejo de desechos sólidos y líquidos ha convertido las costas marítimas del país en una fuente de contaminación por coliformes fecales.
Es decir que cuando las autoridades tomaron la decisión, hace ya muchos años, de incentivar el turismo para convertirlo en la principal fuente de ingresos de Costa Rica y se empezó a hablar de la famosa industria sin chimeneas, y cuando luego se impulsó el fuerte crecimiento que se produjo en las zonas de playa de Guanacaste, a nadie se le ocurrió pensar que paralelamente a eso había que hacer cosas.
No se necesitaba demasiado esfuerzo para concluir que era necesario dotar a todas esas zonas de sistemas adecuados de alcantarillado y de plantas para tratamiento de aguas y que, las propias desarrolladoras o empresas que se beneficiarían de la explosión turística deberían contribuir a esas obras.
Este “olvido” no es más que un incumplimiento de funciones de diversas administraciones que tuvieron que ver con la situación. No es ese incumplimiento un simple término abstracto, se trata de personas que no atendieron su responsabilidad y que tienen al país actualmente perdiendo su buena imagen y sujeto a poner rótulos en algunas playas para advertir de los peligros que sus aguas encierran.
Pero, más grave aún, estas faltas al deber, exponen ahora a contaminación con coliformes fecales a los mantos acuíferos, una situación que debería estar contemplada en la legislación como delito contra la vida humana. Esos mantos acuíferos están entre los principales tesoros que debemos cuidar con máximo celo porque de ellos depende la vida.
El Ministerio de Salud y Acueductos y Alcantarillados están tomando medidas en la actualidad, pero deberían contar con apoyo de la empresa privada ya que tanto esta como el país deben estar seriamente interesados en no matar la “gallina de los huevos de oro”, en lo que al sector turismo respecta y en que la imagen país, en general, no se afecte más de lo que ya ha comenzado a deteriorarse en el exterior.

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