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Sábado 31 Julio, 2010

Equidad real de género

En 1791, la erudita escritora y revolucionaria Olympes de Couges dio uno de los pasos más importantes en su lucha por los derechos de la mujer, con la publicación de “Los derechos de la mujer y la ciudadana”, mediante la cual exige un sistema jurídico, basado en igualdad para hombres y mujeres. Esto la hizo parte de la larga lista de mártires de esta dura batalla, mujeres muchas de ellas conocidas pero tantas más desconocidas, que han perdido su vida por defender un derecho irrefutable.
Es tan incuestionable el asunto de la equidad de género que hasta la misma naturaleza lo ha propiciado; vemos esto reflejado en la fuerza física del hombre igualada con la fortaleza emocional de la mujer, la divina comunión de los cuerpos del hombre y la mujer necesaria para alcanzar placer. Lograr que se concretice la equidad real entre hombres y mujeres, se ha convertido, a través de los tiempos en un aspecto trascendental para la sociedad, por esto se desarrollan innumerables iniciativas en este sentido, de las cuales, sin lugar a dudas, el 99,9% son asertivas, necesarias y productivas. No obstante, lamentablemente también existen nubes negras conformadas por diferentes activistas, cuyas ideas y acciones no serían fácilmente englobadas dentro de la filosofía de la igualdad real.
La inteligencia humana debe ayudarnos a discernir que equidad real no es solo el derecho que se reclama, para que la mujer pueda, sin ser juzgada en nuestra cultura y lapidada en otras, abandonar a su esposo y buscar felicidad con otro, cuando este la traicione. No es libertad de llevar cabello corto las mujeres y largo los hombres; esos son asuntos burdos. Es reconocer en cada ser humano, independientemente de su género, su capacidad, fortaleza, debilidades, es el derecho sagrado de disfrutar el mundo y todo lo que en él nos fue dado, en igualdad de condiciones. Es lo que sabiamente nuestro país ha iniciado concediendo a mujeres líderes, hábiles, honestas e inteligentes, puestos de importancia. Conformando un gobierno en cantidades cada vez más equitativas de hombres y mujeres, las cuales indudablemente han demostrado su gran capacidad para ser ministras de diferentes carteras, vicepresidentas de poderes de la República, diputadas sobresalientes y ahora iniciamos con una cabeza del Estado mujer.
Esto sí creo yo es un principio básico para acercarnos a la tan buscada igualdad real. Por tanto debemos luchar todas y todos juntos por una vida de paz, por una formación adecuada para nuestros niños y niñas, para dejar de cantar la tradicional canción “arroz con leche me quiero casar…” y contarles a nuestras niñas los cuentos de Blanca Nieves y los siete enanos sin explicarles que esa señorita de la capital no debe saber coser, planchar o limpiar, como requisito para encontrar un amor, para vivir feliz, que esa niña tierna que fue envenenada por una bruja no siempre será rescatada por un príncipe, que bien podría ser una princesa quien salve a un niño envenenado por un brujo o una bruja, y que también existen doncellas, reinas y princesas que decidieron tener su palacio y sus hijos o hijas solas, felices sin necesitar un príncipe que las rescate. Es quitarnos la venda de los ojos y tener presente que mientras existan mujeres y hombres que obliguen a sus hijos a tragarse las lágrimas “porque los hombres no lloran”, madres y padres que digan a sus hijos e hijas que la mujer es la que pierde y es la que tiene que cuidarse, y esos y esas que aún dicen “cuiden a sus pollitas porque ahí va mi gallo y no respondo”, tendremos una sociedad machista que marca y forma al hombre para ser duro, deshonesto en sus sentimientos, consigo mismo y con los demás y mujeres que condicionarán sus necesidades biológicas y espirituales a aquello que de ellas se espera.
¡…recuerda hombre que cuando eres semilla solo en el vientre de una mujer germinas”. Desconozco su autor.

María Gamboa Aguilar
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